Primer acto: entra un grupo de jovencitas a su salón de clase y le dicen a la orientadora: “guácala maestra, dos compañeras del salón se estaban besando en la boca, qué asco”. La orientadora les responde: “Bueno, besarse dentro de la escuela, entre hombres y mujeres o quien sea, está prohibido en el reglamento. El reglamento no te prohíbe tener novio, sino que expreses afecto físico a tu pareja dentro de la institución. Fuera de aquí se pueden besar sin ningún problema. Ustedes verán en la cuarta unidad de ‘Ciencias 1’ los derechos sexuales de los adolescentes y van a descubrir lo importante que es el respeto a la elección de afectos para que cada quien se sienta a gusto, y aunque a ti te incomode, lo importante es que te des cuenta que se trata del respeto al otro y a su elección personal... Pero dentro de la escuela, no deben besarse ni las parejas heterosexuales ni homosexuales”, hay expresiones de risa, y unos jóvenes dicen: “¿ya oíste, Jesús? Dice que dejes de besar a Carmen”.
Segundo acto: llegan al departamento de Orientación tres alumnas buscando hablar con su orientadora; ésta las recibe y parece que no se atreven a plantear su preocupación. Casualmente toca a la puerta el prefecto del grupo de las alumnas que buscan apoyo y el prefecto, señalándolas con el dedo le observa a la orientadora con tono de queja: “Esas dos niñas se andan besando… para que veas qué les pasa”. La orientadora le pregunta si él las vio besarse, a lo que contesta que no, que se lo dijeron alumnas que “si las vieron”; la orientadora le dice que se encargará del asunto. Las alumnas que fueron acusadas se ven entre sí y deciden contarle a la orientadora lo que sucedió; un grupo de compañeras de su salón se burlan de ellas constantemente y se burlan diciendo que son novias porque afuera del laboratorio de computación se abrazaron y se dieron un beso, porque era Año Nuevo.
Tercer acto: vuelven a tocar a la puerta. Son una decena de alumnas y una de las recién llegadas les entrega a las que ya estaban ahí, un citatorio del prefecto. La orientadora se los recoge y les dice que ella va a dar seguimiento al caso. Cierra la puerta y las alumnas acusadas entran en estado de angustia, quejándose de que ya no saben qué hacer porque no sólo sus compañeras las acosan sino que incluso el prefecto, sin haber visto nada, “también las trae de encargo”. La orientadora las tranquiliza diciéndoles que no es necesario mandar llamar a sus padres si ellas están de acuerdo en pasar a la Dirección para que platiquen con la subdirectora, quien al ser informada opinó que no era necesario un citatorio para tal efecto, porque no veía gravedad en el hecho.
¿Cómo se llamó la obra?: Acoso escolar, que involucró al grupo y fue reforzado por el prefecto, quien no controló sus emociones ante una situación que le tocó partes sensibles de su personalidad, no pudiendo dar una respuesta objetiva ante la expresión de afecto entre iguales. Todavía falta mucho camino para lograr la necesaria educación en la tolerancia y el respeto hacia la libre manifestación de afectos y la madurez docente que ponga los debidos límites a las conductas escolares agresivas.
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