A la cabeza del “barómetro de la felicidad” se encontraban Colombia, Suiza y Holanda. En la media estaban países como España, Grecia e Italia. Bielorrusia y Bulgaria cerraban la lista. Según este estudio holandés, nuestro país ocupaba un lugar intermedio: no éramos, según ellos, ni muy felices, ni muy infelices. El profesor Ruut Veenhoven, director del estudio, dijo que a pesar de las grandes diferencias culturales, lo que hacía feliz a la gente es universal. “Definimos la felicidad como la apreciación subjetiva… de cuánto le gusta a uno la vida que vive”. Encontró un patrón en U que muestra que la vida es menos satisfactoria entre los 30 y los 50 años, que se podía deber al peso del trabajo y los hijos en esa etapa de la vida. Así es que la gente podría ser más feliz cuando llega a la vejez.
Y si usted cree que el dinero hace la felicidad, se equivoca. Otro estudio, realizado por la Escuela de Economía de Londres por ese mismo tiempo, indicaba que la gente de Bangladesh se consideraba a sí misma la más feliz del mundo. Casi 100% de los encuestados se sentían felices, a pesar de que casi la mitad de sus habitantes vivían (y lo hacen aún) por debajo del límite de pobreza. Parece ser que el efecto de la riqueza en la felicidad no es directamente proporcional. Cuando el ingreso supera cierto nivel, el incremento en el bienestar material le agrega poco a la felicidad. Y hay otros factores, como la democracia política, la libertad para escoger la manera de vivir y la tolerancia social, que inciden más directamente sobre el grado de felicidad de las naciones.
Posteriormente, un grupo de psicólogos ingleses aseguró haber descubierto la fórmula matemática de la felicidad, en donde se destacaba la filosofía de la vida, la capacidad de adaptación, la resistencia, el sentido del humor, las amistades, el empleo, la situación económica, las expectativas sobre la vida, la ambición y la autoestima. Si es real está fórmula, la felicidad depende tanto de lo placentero que sea el ambiente de cada uno, como de la habilidad de cada cual para vivirlo. Porque hay quienes logran ser inmensamente felices en condiciones adversas y quienes son incapaces de serlo en el paraíso.
Después, en el año de 2006, se presentó un estudio realizado por un psicólogo social, Adrian White de la Universidad de Leicester, en Inglaterra, que clasificaba a 177 países en lo que él llamó “El Mapa de la Felicidad”. Como todos los estudios cuantitativos sobre la felicidad, el autor operativizó el concepto de “felicidad” como “satisfacción en la vida”, utilizando 3 variables: la salud de las personas, el bienestar económico en cuanto al PIB por país y el acceso a la educación secundaria. El resultado fue interesante. Los 5 más felices eran Dinamarca, Suiza, Austria, Islandia y Bahamas. Dijo White que “Las frustraciones de la vida moderna, los miedos de esta época, parecen ser mucho menos significativos comparados con la salud, y las necesidades educativas y económicas”. En este estudio, México ocupaba el lugar 51 de la lista, y digo ocupaba, porque a partir de la situación actual de violencia mucha gente estará sintiendo muy poca felicidad, muy poca satisfacción en la vida.
Quizá deberíamos creer a los agoreros ocultistas que señalan al número capicúa 11-11-11 como un cambio en la conciencia mundial, pero esa conciencia debe llevarnos a la idea de la paz como generadora de felicidad, porque queda claro que es necesario superar las frustraciones y los miedos con los que actualmente vivimos, entendiendo que debemos aprender a construir las condiciones de paz que asegurarán la felicidad, la actual y para las siguientes generaciones. Prefiero quedarme con la frase que decía Bertolt Brecht: “Juguemos a ser felices, que a lo mejor jugando aprendemos”.
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