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Vicente Bello
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10 Enero 2017 04:00:00
Enrique Peña Nieto sigue echando gasolina al pastizal seco
Enrique Peña Nieto, presidente de México, seguía ayer, nueve días después, rociando con gasolina a toda esa pradera seca en que, de manera creciente, se ha estado transfigurando el país.

¿Habrá quién entienda de qué ríe, casi permanentemente? Ayer, un vector político fundamental para el régimen, la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), lo desafió: “Hemos decidido no suscribir el acuerdo”, pronunció el poderoso organismo empresarial en un comunicado.

En lo que fue la reminiscencia de los viejos pactos, que un día inauguró Miguel de la Madrid, el presidente Peña Nieto había convocado para este lunes 9 de enero a  líderes empresariales y líderes sindicales oficialistas para  la firma del Acuerdo para el Fortalecimiento Económico y la Protección de la Economía Familiar.

“El acuerdo que hoy suscribimos”, justificaba Peña en Los Pinos, “surge de un sustantivo diálogo para proteger la economía nacional y, desde luego, la economía de las familias mexicanas”.  

Y apostillaba: “2017 será de grandes desafíos, y el aumento del precio de las gasolinas es apenas el primero de ellos; pero el país los podrá enfrentar con la participación de todos los sectores, como ahora que se suman al Acuerdo para el”…

Pero no era así del todo. La Coparmex se negó a firmarlo. Entonces la Presidencia de la República tuvo que recurrir al esquirolaje del Consejo Coordinador Empresarial, que lo firmaba.

La cúpula empresarial del país se traicionaba a sí misma.
En tanto, la crisis provocada por el aumento del precio de las gasolinas seguía bifurcándose, como la barrancada dividida varias vertientes cuando baja, impetuosa, de las partes altas.

En los territorios del Congreso de la Unión, voces opositoras advertían al presidente Peña que el acuerdo de marras no servirá; al contrario: exacerbará más los ánimos, por la alta carga de cinismo e irresponsabilidad con el que se ha presentado.

En el Senado de la República, el senador del PRD Mario Delgado dijo en reacción a la propuesta del presidente Enrique Peña Nieto de que aplicará un programa de apoyo a la economía familiar, que “la única estrategia viable sería revertir el gasolinazo, cancelar los gasolinazos previstos para el mes de febrero y asegurar que no habrá más durante el año”.

En conferencia, Mario Delgado hubo conminado a los mexicanos a no dejarse engañar por el gobierno federal.

Incluso recordó que “la reforma energética tenía planteado como uno de sus objetivos liberalizar el mercado de distribución de toda la cadena de energéticos de México a privados y extranjeros”.

Lamentó que “con la aprobación de la reforma energética en 2013 se abandonó la producción nacional de gasolinas y desde ese mismo año la mayoría de la gasolina que consumimos es importada, mientras que desde el año pasado PEMEX también ha bajado su nivel de importación para dar paso a los particulares”.

Pero los del CCE no fueron ayer los únicos que traicionaban; también entraron al aro los gobernadores, que reunidos con el Presidente en torno de la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago), que este mes preside el morelense Graco Ramírez, nunca se pronunciaron coincidentes con los reclamos de las poblaciones de las cuales dicen ser mandatarios estatales, sino que se amorcillaban, temerosos, en las tablas previamente dispuestas por la Presidencia de la República.

Nunca, ni un gobernador, se atrevió a pedir a Enrique Peña que echara para atrás el aumento bestial del precio de las gasolinas y el diesel, que amenaza con asfixiar a la población.

Con una advertencia tímida asomó de la Conago, hacia la Presidencia de Peña: “con el gasolinazo está en juego la gobernabilidad del país”.

Pero nada de confrontar a Peña Nieto. El motivo era el siguiente: como “una patada en los ‘guevos”, la diputación del PRI y el gobierno mismo de Peña retorcieron de tal modo la reforma del 20 de octubre pasado, de Ley de Ingresos de la Federación 2017, que hicieron que el IEPS a las gasolinas para este año se indexara a las participaciones federales para los estados de la República.
El que se mueva en la foto, el que hable de más, el que puje más de la cuenta, será bloqueado, obstaculizado a la hora de desplegar el gasto público. Fue la amenaza velada que ayer barbotó en Los Pinos contra los gobernadores.

Ecos de una marcha de miles de gargantas, la más numerosa en el Distrito Federal en lo que va del conflicto por las gasolinas, cimbraron dinteles, llenaron las calles y atiborraron la plaza del Zócalo.

En casi todo el país se escuchó el mismo eco, reclamante, de un precio de gasolinas que chorrea cinismo de la clase política mexicana. Y falta absoluta de correspondencia: hasta ahora Peña nada ha dicho de bajar el despilfarro brutal de su gobierno.

De modo inaudito, las televisoras nada dicen sobre lo que sucede en ciudades como Ixmiquilpan, Hidalgo, tierra del secretario de Gobernación, a donde oficialmente ya hubo dos muertes; pero elementos de la Policía Judicial Estatal reconocen “siete actas de defunción”.

En Ixmiquilpan, el enfrentamiento ha sido tan rudo entre población y fuerzas del Estado, que los bancos ya ni abren El Valle del Mezquital ya está considerado un polvorín, del que el gobierno federal hace todas las maniobras para que no se conozca en toda su magnitud. En el encontronazo del jueves pasado, 2000 elementos de la Gendarmería Nacional fueron a madrear a los manifestantes; pero la reacción de la gente fue tremenda: unos 500 de la Gendarmería regresaban, muy golpeados.

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