A Gustavo Madero le vi, exultante, anunciar el triunfo de Luisa María Calderón, candidata también del Panal. A sus espaldas, Ernesto Cordero y Santiago Creel celebraban en falso. Más tarde se les uniría Josefina Vázquez, favorita en las encuestas para la candidatura del PAN a la Presidencia. Hasta ese momento, parecía que la hermana del presidente había ganado. Mas cuando Madero ofreció números, era evidente que la victoria de Acción Nacional estaba sostenida en buenos deseos. Los resultados preliminares así lo confirmaron.
En su turno, el presidente del PRI, Humberto Moreira —ataviado, como la mayoría de quienes compartían la mesa, con una chaqueta roja, color que identifica a su partido—, proclamó una ventaja “irreversible” de cuatro por ciento, basada en encuestas de salida, equivalentes a 60 mil votos (15 mil por punto). El candidato a gobernador, Fausto Vallejo, parecía imperturbable. Moreira, a diferencia de Madero, hablaba seguro de sí mismo y del resultado.
Marco Antonio Flores, el más parecido de los nietos del ex gobernador Flores Tapia, animaba la escena: coreaba, alzaba el puño izquierdo, se acicalaba. El secretario particular del gobernador con licencia colaboró, por las relaciones de su abuelo, con el ex presidente Echeverría, y por sus propios contactos en la campaña de Jesús María Ramón, precandidato del PRI al Gobierno del Estado en 1999.
Sin embargo, a Moreira no lo acompañaron en la conferencia Enrique Peña ni Manlio Fabio Beltrones, los dos presidenciables del PRI. ¿Había en ese momento algo más importante que ocupara su atención? Frente a la certeza que Moreira transmitía, ese par de ausencias presagiaban: 1) duda sobre el triunfo de Vallejo, o 2) la inminente separación del presidente del PRI, por el tema de la deuda de Coahuila, el uso de documentos presuntamente falsificados para contratar algunos créditos, y sus secuelas políticas y mediáticas.
La victoria de Vallejo le sirve al PRI, a Peña y a Beltrones. Para Moreira representa una salida honrosa de la presidencia del CEN, aunque las causas que la originen puedan no serlo. Desde esa perspectiva, las ausencias del ex gobernador del Estado de México y del líder de la bancada del PRI en el Senado son harto significativas. Y es que las críticas contra el coahuilense ya los ha tocado a ellos también.
El PRI dejó de gobernar Michoacán el 15 de febrero de 2002, cuando Lázaro Cárdenas Batel (PRD) sustituyó a Víctor Manuel Tinoco Rubí, quien, a su vez, había vencido a Felipe Calderón en 1995. El triunfo de Vallejo, cuyo arquitecto fue Moreira, es importante, pues el PRI recupera un estado cuyo padrón ronda los 3.5 millones de votantes. Sin embargo, el entorno mediático no es propicio para fiestas.
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