1.-Es una cuestión ya añeja, pero me produce inquietud. Días después de declarar que con la muerte de Jackson se perdió una parte de él, Quincy Jones admitió que Jacko no tenía talento. Es probable que tenga razón, lo que me inquieta es la incongruencia y la condescendencia. Es decir, Quincy sí se considera un genio: “He trabajado con Louis Armstrong, Frank Sinatra, Nat King Cole, Billie Holiday, Aretha Franklin y, sobre todo, Ray Charles... ¿Cree que podría sentir celos de Michael Jackson? Michael no tenía tanto talento. Era grande, pero no jugaba en la liga de los que acabo de citar”.

Yo me pregunto si Quincy realmente jugaba en esas ligas. Para muchos, a pesar de que Quincy tocó con importantes jazzistas (Miles Davis, por ejemplo) y ha recibido docenas de doctorados, no pasa de ser un ejecutante del más devaluado género jazzístico: el smooth. Los más serios no le perdonan sus escarceos con el pop. Y hablando del pop, fuera de Jacko, Quincy no pudo anotarse otro éxito notable en la introducción de nuevas estrellas. Tamia o Peggy Lee se encuentran entre sus grandes fracasos.

Hay productores o músicos cuya grandeza sólo se hace manifiesta con la compañía perfecta, con la alineación ideal de los astros. Que Quincy no pueda reconocerle eso a Jackson me resulta el clásico acto de un malagradecido, por demás pagado de sí mismo. Pero es sólo mi opinión.

2.- Un caso similar fue el desatado recientemente por una declaración de Richard Ford, el gran cuentista norteamericano, en Chile, en la que desestimaba la euforia norteamericana sobre Bolaño. De inmediato brincaron algunos para atacar a Ford, entre ellos el más sonado fue Alejandro Zambra.

La cuestión se volvió triste porque Ford ofreció un argumento que pudo ser válido, pero que se tambaleó por ligereza. Dijo que “Los Detectives Salvajes” le resultaba “demasiado larga”. He escuchado a fans de Bolaño opinar lo mismo: que hay regodeos y caprichos en tal obra, que hay paja; que eso no molesta pero que es necesario declarar los excesos. Esto avalaría el argumento de Ford, lo malo es que el norteamericano no dijo más y eso también es de
lamentar.

Por el otro lado, la defensa de Bolaño (como si la necesitara) provino del mismo tufo sentimentaloide y poco crítico con que se ha abordado en Latinoamérica la obra del chileno a partir de su muerte. El texto de Zafra es un ejemplo. Y aunque rebate bien el argumento de Ford (cosa no tan difícil), propone uno nuevo ciertamente ridículo: que Ford envidia a Bolaño. Para empezar, tal envidia es improbable (Ford, a diferencia de Quincy, sí está en grandes ligas junto a Carver o Cheever), luego, el argumento aleja la mirada crítica de la obra y se pone personal.

Eso impera en la obra bolañesca. Mauricio Salvador comenta atinadamente el asunto en su blog trapoviejo.blogspot, cuya lectura recomiendo. Suscribo su conclusión: los fans de Bolaño deberían relajarse. Él es un lector entusiasta de Bolaño.

3.-Las pinturas de Damien Hirst fueron destruidas por la crítica inglesa un día después de que se anunciara que ya no es el artista plástico más influyente, ni el mejor cotizado. Me pregunto si esa valentía crítica tiene que ver con los tabuladores o si de verdad es tan terrible el nuevo trabajo de Hirst. Habrá que esperar.
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