Eduardo Lizalde; Charlie Brown en la Loma
Es anodino apuntar allí donde la profundidad es notable. Pero si se sigue estudiando, la importancia de Peanuts es porque sus profundas ideas sobre el hombre son inagotables. Basta mirar a sus personajes para deducirlo.
Muchos pueden comentar mejor la filosofía de Peanuts, yo me quedo con la imagen del Buen Perdedor: ese muchacho calvo que no puede volar un papalote; que recibe piedras en vez de dulces en Halloween; que vive suspirando por la pequeña pelirroja; ese chico que nunca patea el balón es la visión más entrañable del hombre del siglo XX. Es Charlie
Brown.
Peanuts tiene además productos alternos que vale la pena comentar. Primero, hay que resaltar el hecho de que fue precisamente Peanuts la que dio algo de seriedad al “mundo animado”. Hay quienes creen que fue Garfield, The Pink Panther o The Simpson las tiras que descubrieron el hilo negro. Peanuts es anterior a todas estas series, fechada el 2 de octubre de
1950.
Peanuts es la primera serie animada en obtener un Emmy gracias a sus especiales de televisión. Y ya hablando de ello, cabe comentar la magistral música que el jazzista Vince Guaraldi hizo para la serie, tiempo antes que las creaciones de Mancini para Pink Panther.
Un curioso dato es la existencia de una novela titulada “There Was a Dark and Stormy Night” (“Era Una Noche Lluviosa y Oscura”), título que se burla de los lugares comunes a los que apelan los escritores, y que presuntamente fue escrita por
Snoopy.
Es también la primera tira cómica que brinca de género, primero como especiales de tv, videohomes, miniseries y hasta el musical “Your’e a Good Man, Charlie Brown”.
La última tira de Peanuts fue publicada el 11 de febrero del 2000, casualmente un día antes de la muerte de Charles M. Schulz, su creador. En esa coincidencia, otro episodio conmovedor. En esa tira final, Schulz escribió: “Charlie Brown, Snoopy, Linus, Lucy… Cómo podría olvidarlos”. Muchos nos suscribimos a esa línea final. Lo hago ahora.
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