El propio Fox ha mencionado, tras una de sus conferencias pagadas con varios miles de dólares, que él fue el responsable de el entramado y que, para su felicidad, “al final gané” en referencia a que Andrés Manuel no llegó a la Presidencia y debió resignarse a encabezar los plantones en la Ciudad de México y una prolongada campaña que se extendió a seis años. Ello debió bastar para sancionar al ex presidente, sobre todo si se relee con cuidado el vergonzoso dictamen del Tribunal Electoral del Poder Judicial Federal (TRIFE) en el que se aceptan las conductas ilegales del mandatario, y los empresarios que le reforzaron, sin considerar que hubieran sido “determinantes” para la elección, esto es como si la ventaja del “vencedor” hubiera sido tal que ninguna conducta anómala hubiera podido modificar la tendencia. Y la verdad es que sólo lo separó de su adversario más cercano ¡medio punto porcentual!
Aquel error, que comenzó a darse en abril de 2005 cuando López Obrador abandonó el Congreso con la conciencia de que su defensa de nada serviría ante la consigna aviesa, fue el punto de arranque para una nueva estrategia que posibilitó el arribo de Calderón y el consiguiente “sacrificio” de Santiago Creel, quien asevera no haber sido jamás el “candidato del presidente”, como todos apuntamos, porque Felipe contaba en su equipo “a medio gabinete presidencial”, entre ellos Josefina Vázquez Mota. Lo dicho por Creel, aunque después pretendió aclarar sus declaraciones mediante misivas que confirmaron su personalidad dual, dio a entender que el juego de los Fox consistió, dada su pérdida de credibilidad en ese momento, en utilizar a Creel como cordero de sacrificio para posibilitar la candidatura de Calderón, acaso uno de los más grises aspirantes a la Presidencia de la historia. Y no hablamos de su posterior trayecto como
mandatario.
Recuérdese que los Fox, con ayuda de los empresarios-socios y de los operadores de marketing extranjeros, fue recuperando bonos a medida que se desarrollaba una campaña publicitaria sin parangón para subrayar sus “éxitos” y ser presentado como un auténtico demócrata, un calificativo que ni sus mayores defensores se atrevieron a sostener después de los vergonzosos comicios de 2006 en los que fue evidente cuánto habían aprendido los panistas de lo peor del priísmo hegemónico aportando, además, una más sofisticada alquimia electoral para extender la ida de que, en los centros urbanos más vigilados, nadie podía hablar de haber atestiguado un proceso irregular e ilegal. La realidad, lo he repetido en otras ocasiones, es que bastaron cuatro o cinco laboratorios estatales para modificar los escrutinios.
Siguiendo esta línea, ¿acaso Felipe Calderón jugó a dos bandas en cuanto a los aspirantes de su partido a sucederlo? Todo parece indicarlo así. Por un lado, la puesta en marcha de la maquinaria para apoyar a Ernesto Cordero Arroyo, quien dejó la Secretaría de Hacienda en un momento coyuntural, indicaba que llevaba el sello presidencial grabado en el alma hacia una contienda en la que el PAN, como hace seis años, no arrancaba como favorito. Por el otro, el sorprendente avance de Josefina Vázquez Mota dentro de un partido poco caracterizado por su apoyo al género femenino, con contadas excepciones –en los últimos tiempos sólo una dama ha sido postulada por el PAN a un gobierno estatal, el de Colima; y más atrás, en Yucatán, ocurrió otro tanto, fue acaso la piedra angular para que el apoyo gremial de la maestra Elba Esther Gordillo, fundamental en la “victoria” desaseada de Calderón, se torciera hacia su antiguo partido, el PRI, sin necesidad de reincorporarse al mismo.
El duelo entre Vázquez Mota y la señora Gordillo parece irreconciliable. Cuando le pregunté a la primera sobre el mismo se limitó a responderme:
--Observe dónde está quien fue mi antecesor, en la Secretaría de Educación, y hablamos sobre cómo fueron mis interrelaciones con ella.
En efecto, Reyes Tamez Guerra, acabó ocupando una curul bajo el signo del PANAL, el partido creado y financiado por la “maestra”, aunque después, acaso avergonzado, optó por retirarse de la Cámara baja. Tal significaba, de acuerdo a las claves de Josefina, que ella había optado por no bajar la cabeza ante la lideresa del SNTE y que ello le había costado el ministerio a cambio de una diputación federal, una salida más que elegante pero indiscutiblemente a la baja en una carrera que había alcanzado altos decibeles durante las dos administraciones panistas.
No obstante, de nueva cuenta, el supuesto “favorito” presidencial, Cordero Arroyo, no cumple con las expectativas ni levanta en las encuestas generales. Sería demasiado forzado que apareciera como candidato sobre el basamento de una militancia leal al mandatario Calderón, considerando además que la mitad de esta y sus “adherentes” fueron designados por Calderón y sus operadores políticos –es decir, más por cercanía con Los Pinos que por merecimientos como panistas de estirpe-, porque, a todas luces, se demostraría la tendencia poco democrática de Acción Nacional y la intención de recuperar las formas presidencialistas más autoritarias. Y tal acabaría, de un plumazo, con los basamentos ideológicos de Acción Nacional.
Debate
Josefina Vázquez Mota no se imaginó siquiera que su figura creciera como lo ha hecho en los prolegómenos de la contienda por la Presidencia de la República. Más bien, como secretaria de Estado, de había mostrado frágil y, por ende, vulnerable sobre todo durante sus comparecencias ante los bravos diputados que le crispaban las manos y el rostro. Pero se levantó siempre y respondió con dignidad, hay que decirlo.
Si consideramos que Vázquez Mota, como explicó Creel Miranda para demostrar que él no había sido el “delfín” de Fox, fue de las primeras, entre los miembros del gabinete, en adherirse a la postulación tempranera de Calderón –en mayo de 2004-, con el consiguiente disgusto del entonces presidente de la República, quien lo regañó en público tachándolo poco menos que de indisciplinado, ello significa que la casa presidencial mantuvo un doble juego, manipulando a la opinión pública con poses falsas y esquivas, ocultando sus verdaderas intenciones.
Si tal fue el proceder de los Fox, ¿acaso Calderón no aprendió de ellos la estrategia aunque sacrificara a uno de sus colaboradores más leales, Cordero Arroyo, engañándolo soezmente con tal de darle un punto de interés a los debates internos del PAN? Porque, desde luego, aunque las encuestas le colocan en segundo lugar, son pocos quienes piensan en una “sorpresa” protagonizada por Santiago Creel Miranda, ya una vez dejado en el camino hace seis años, aunque sin olvidar que pocos apostaban por Calderón en semejantes circunstancias y acabó sorprendiendo con sus ventajas en los comicios internos de su partido, partiendo en Yucatán en donde se llevó a cabo, de acuerdo a palabras de Creel, la “operación cochinita”, sucia por antonomasia, que restó los puntos necesarios para que el ex secretario de Gobernación pudiera hacerse de la candidatura.
Lo anterior significa que en matera de camuflaje político, con sus operarios de importación, el PAN se pinta solo.
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