Para algunos puede resultar inhumano, cruel y totalmente fuera de orden y de lo razonable, fue muy usual hace cincuenta años o más.

Los violadores de niños o niñas, eran castigados o sentenciados antes de ser juzgados, inclusive en ocasiones el caso ni siquiera llegaba ante un juez penal, pues se consideraba en ese entonces que este tipo de delitos a pequeños indefensos e inocentes de toda maldad de quienes la trae hasta la raíz, no tiene perdón ni de Dios, con todo el respeto que merece la Iglesia católica.

Las policías de esa época, aplicaban una ley mal o bien llamada, según sea el caso y criterio de cada quien, “ley fuga”, que es lo mismo hacerse justicia con las propias manos.
La entonces famosa y conocida como ley fuga, consistía en hacer aparecer que el asesino pretendió escapar durante un traslado de la cárcel a la Penitenciaria de Saltillo o bien en un traslado de las celdas a los juzgados que en aquellos años éstos estaban distante de las ergástulas.

Pues bien, en ese supuesto “escape” o fuga del asesino, soltaban al sujeto con una frase de “córrele pelao” y se lo “tronaban” a balazos los policías que llevaban su custodia y a final de cuentas, la comunidad lo aceptaba al menos sin protestas públicas ni tampoco críticas externadas a los medios de comunicación. Los titulares eran “Quiso huir y la policía le disparó y mató”.

Bien o mal, pero eran los tiempos, así se castigaba a quien cometía delito grave sexual y muerte a pequeñas víctimas.

La realidad no sé si se registraban en esos lejanos años, pocos casos de este tipo porque éramos pocos los habitantes o bien porque los castigos eran severos y sin ser juzgados por una autoridad, además de que no existía tanta maldad y vicio, particularmente el exceso de bebidas alcohólicas a tan temprana edad ni drogas endemoniadas como la heroína, cocaína, etc., ya que el alucinante más fuerte era la mariguana, por cierto, platican los que saben que la más sabrosa y con mayor demanda era la llamada “cola de borrega”, al menos eso es lo que aseguran quienes le entraron a la también llamada “tía Juana”.

Es duro como se castigaba sin ser juzgado a los violadores de menores de esa época, pero para bien o mal, fueron los tiempos.

Todo este relato viene al caso por tantas atrocidades que cada vez se registran más, en la entidades del país.

Cuando estos delitos no lo cometen mozalbetes, son adultos de todo tipo de edad, pero tal parece que las sentencias carcelarias que se han endurecido en los últimos, no ha detenido estos delitos que se están haciendo comunes. (http://www.intersip.com.mx)
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