¿Será entonces que tener menos puede ser más?
Manfred Kets de Vries es un psicoanalista que ayuda a tratar la ansiedad causada por el llamado “Síndrome de Fatiga por Riqueza”. Este fenómeno estudia los efectos de un gasto escalante en el nivel de motivación, provocando insatisfacción y ansiedad.
Frank James, author de Richistan, comenta que hay personas que nunca están contentas, sin importar lo que tengan. “Había este hombre, dueño de un yate de 30 metros de eslora y le comenté: ‘¡ésta es una embarcación increíble!’. Él replicó: ‘Voltea a ver hacia la bahía’. Volteamos y había dos o tres barcos más grandes que el suyo. ‘El mío es un barquito de juguete en comparación con esos’. ¿Quién en la historia había llamado a un yate de superlujo de 30 metros de largo, ‘un barquito de juguete’?”.
Es importante aclarar, como ya lo hemos comentado en varias ocasiones, no hay nada malo en la riqueza material, por sí misma. Lo importante es recordar que es sólo un vehículo, el medio y no el fin.
Las naciones más felices no son necesariamente las más ricas. Pentecost, una pequeña isla en el Pacífico Sur, fue recientemente votado el lugar más feliz del mundo. No tienen este Síndrome de Fatiga por Riqueza, de hecho, no usan dinero, sino cuernos de cerdo.
En lugares como Pentecost, la gente en realidad habla una con otra. El sentirse parte de una comunidad es uno de los requisitos que los investigadores apuntan como clave para la felicidad –sentirse parte de un grupo. El problema como dijimos no es tener seis o más propiedades sino pasar tan poco tiempo en cada una de ellas que no logramos crear el sentimiento de comunidad.
“Una de las quejas entre los más ricos es la soledad”, dice de Vries. “La gente deja de llamarles, asumen que están demasiado ocupados, se sienten intimidados, o no pueden pasar las barricadas de asistentes e intermediarios entre ellos y sus amigos de antaño”.
La clave entonces está en abrazar la sencillez. Parece cómico, pero ante la posibilidad de contraer el Síndrome de Fatiga por Riqueza, hay que cuestionarse si existe un límite a la ambición de querer más.
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