La democracia permite a candidatos que ayer perdieron, no solo librarse del destierro político, sino ser postulados de nuevo y ganar mañana. Pero igual condena a la nada. Es el caso de Roberto Madrazo, una de las figuras –junto con los Salinas, Carlos y Raúl– más apocalípticas y desprestigiadas dentro y fuera de México. Beatriz Paredes, en cambio, encabeza hoy las preferencias para el Gobierno de la Ciudad de México que hace seis años perdió con Marcelo Ebrard. Entre otros motivos, por el desgaste del PRD y su desgarramiento interno. Sin embargo, todavía falta mucha agua por correr para las elecciones de 2012.

Felipe Calderón es uno de los candidatos que ganó después de haber perdido. En su caso, la Presidencia. En 1995 compitió por el gobierno de Michoacán, pero sus paisanos prefirieron a Víctor Manuel Tinoco Rubí, del PRI. Hoy es su hermana Luisa María quien pretende hacer girar la alternancia a la derecha, nada menos que en la tierra de los Cárdenas. El candidato del PRI, Fausto Vallejo, empezó primero en las encuestas pero la “primera hermana” remontó en el último tramo, según parece, de manera irreversible. El pronóstico es que ganará.

La elección michoacana, que en otras circunstancias podría decir poco para el resto del país, significa demasiado. Felipe Calderón, el PAN y su candidato presidencial –supongo que será Ernesto Cordero– demostrarían que aún pueden mantenerse en el poder otro sexenio. Enrique Peña ganaría un estado que lo provea de votos si acaso es él, y no Beltrones, quien aparezca en las papeletas. ¿Qué representaría para Humberto Moreira? Alzarle el brazo a Vallejo, como ganador, dentro de unas horas (el domingo), sería una despedida honrosa de la presidencia del CEN. El escenario, sin embargo, es poco probable.

Luisa María Calderón es por sí misma figura política en Michoacán. (Y “un peligro”, junto con su hermano, para el estado, replica el PRD en un acto más bien desesperado). Milita en el PAN desde 1976. Ya fue diputada local, federal y senadora plurinominal. El PRI y el PRD la acusan de recibir apoyo financiero del gobierno federal. Por su simbolismo y por ser la escala previa a las elecciones generales del año entrante, el estado se convirtió en centro de operaciones de las tres primeras fuerzas políticas del país y en pasarela de todos los presidenciables.

¿Cómo disociar políticamente a hermanos que militan en el mismo partido, sobre todo cuando uno es candidato y otro ostenta un cargo público, máxime si es ejecutivo? El arma es de dos filos. Desviar recursos infringe la ley, pero como en México el delito –sea electoral, civil, penal, administrativo– por lo regular no se castiga, el uso de fondos públicos en campañas, más allá de las prerrogativas a que tienen derecho los partidos, casi siempre se da por descontado. En lo intangible, el candidato llega a las urnas no sólo con los activos de su hermano, sea gobernador o presidente, sino también con sus pasivos. El PVEM acompaña a Vallejo en las boletas; y a Luisa María Calderón, Nueva Alianza. Partidos a cual más de oportunistas, corruptos y parasitarios. Silvano Aureoles, del PRD, PT y Movimiento Ciudadano (antes Convergencia) llegará a las urnas desahuciado.

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