Tiene que serlo, decimos, porque llegan los que estrenan derecho al voto.
Su inclinación a la rebeldía, su pasión y ética transformarán el país.
Se inconformarán con los vicios de los partidos, con los abusos de los políticos.
Pero los votos juveniles siguen la huella de los de siempre.
No son del todo culpables: Responden a su educación y a nuestro ejemplo.
Les inculcamos que la política apesta, que sólo los pillos participan en ella.
Los formamos de espaldas a la Historia, consumistas y apáticos. Y así nos va con ellos.
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