- Eso es lo que decía Hoover, director del FBI.
- Lo mismo decía Fernando Gutiérrez Barrios, pero en español.
- Ése es otro que privilegió la información por encima de todo para controlar a los políticos de su tiempo.
- Pero en su tiempo la oposición no existía.
- ¿Quién habla de la oposición profesor?. A los que había qué controlar era a los propios.
- ¿A los mismos priístas?.
- Claro. No se andaban con cuentos.
- Pero sÍ era del mismo equipo.
- No. Eran del mismo partido, pero mientras unos estaban con tal o cual personaje, otros estaban con otro que tenía las mismas aspiraciones.
- ¿Y qué papel jugaba Gutiérrez Barrios?.
- Era el brazo armado “sin armas” del ejecutivo. El sicario de la información.
- Ah caray. Explíquese.
- Cuando algún político podía causarle problemas al presidente o al líder del partido, simplemente Fernando se hacía el aparecido en la oficina del “ocurrente” con un portafolios bajo el brazo en el que llevaba documentos, fotografías y cualquier otro elemento comprometedor.
- ¿Y lo amenazaba?.
- No había necesidad. Bastaba con que le expusiera la inconveniencia de que la oposición se enterara de todo aquello, para echar a rodar su candidatura.
- Entiendo. El aspirante, por miedo a la oposición, prefería declinar en sus aspiraciones.
- Por miedo a la esposa, profesor. A la oposición ni quien la tomara en cuenta.
- ¿Fuego amigo?.
- Y de grueso calibre. Nomás imagínese.
- Eso se llama chantaje.
- Ellos lo llamaban recursos políticos.
- Oiga, pero, ¿qué caso tiene espiar a los diputados?. Ni modo que para saber qué hacen.
- No, es claro que no hacen nada.
- Entonces este espionaje es absurdo.
- Claro. Por eso precisamente se cree que detrás de todo esto está Felipe.
- ¿Con qué objeto si usted acaba de decir que no hacen nada?.
- Es que Felipe, al parecer, es el único que no lo sabe.
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