Ya va a ser medio siglo de que José Luis Cuevas erigiera su mural efímero en el corazón de la Zona Rosa capitalina, para pretender borrar de un trazo los resabios de la escuela nacionalista y aquella famosa bravata resumida por Siqueiros: “no hay más ruta que la nuestra”. Hoy sabemos que las vanguardias se vuelven decrépitas en un parpadeo: sólo lo elemental permanece.

Pasear una línea


La referencia anterior como punto de partida para abordar el estupendo proyecto colectivo “Ah Carbón”, convocado por la Coordinación de Artes Visuales del Icocult, en su galería principal. El pintor Toño Herrera, titular de la misma, se dio a la tarea de convocar a artistas de diversas tendencias y generaciones para plasmar su quehacer y visión en las paredes de ese extenso espacio con la técnica del carboncillo. Un concepto valioso en muchos sentidos. Primero: lo efímero que desacraliza con su levedad un espacio reservado y solemne. El poder del dibujo construyendo un discurso polivalente y multirreferencial.
El gran artista Jorge Chuey ha definido la técnica como “sacar a pasear una línea”. La pureza de este inquieto trazo atravesando las paredes de la galería más importante del estado para plantear discursos que se complementan y se contradicen.

Procesos


Un acierto más de este interesante experimento es el de conjugar miradas disímbolas a partir de una misma técnica para distintas “escuelas” o abordajes generacionales: participan desde una Blanca Sotelo, referente indiscutible en la academia de la plástica coahuilense, lo contemporáneo y las vanguardias en Alejandro Cerecero, el oficio decantado de un Otilio Peña, el estilo inigualable de un Armando Meza, artistas consolidados como Ignacio Valdez, los recién incorporados a la localidad Zenén Vizcaíno y Antonio Fernández Luna, o emergentes talentos jóvenes como Adalberto Montes, Vinicio Fabila, Carlos Vielma y María Alfaro. Quizá es la primera vez que conviven en una exposición gran parte de las tendencias de lo mejor del arte coahuilense. Curiosamente, lo que se muestra en esta colectiva no son piezas acabadas, sino lo procesos. Pocas veces le es dado al público invadir el espacio vital del artista, y apreciar sus avances y retrocesos, sus dudas, sus requiebros. La construcción misma de una obra y, sobre todo, el poder que subyace en el esqueleto de una idea desnuda.

Obra negra

Aunque concebida para estar terminada en la primera semana de marzo, respetando los ritmos propios de cada autor, acérquese a la galería del Icocult a presenciar de cerca esta polifonía del dibujo: inquietantes rostros que emergen desde los muros como desprendidos de una pesadilla. Experimentos que remiten al desenfado del esténcil o al muralismo tradicional. Críticas políticas y sociales, viajes autorreferenciales o exploraciones en torno a lo abstracto y la geometría; un extremo ejercicio de humildad; propuestas todas fundidas a una certeza única e ineludible: afanes humanos —creativos o morales, emocionales o cerebrales, filosóficos o mercantiles— afanes todos hechos de polvo, espirales de ceniza, obras y acciones en el pálido lienzo del tiempo; gestos tan efímeros como un aleteo, animosos trabajos que temprano o tarde borrará el viento.

Bardo de las bardas

“Quiero dibujar tu forma para encontrar mi forma en ti”.


Mahmud Darwish

Comparte ese artículo: Facebook Favicon Facebook Google Bookmarks Favicon Google Bookmarks Twitter Favicon Twitter YahooMyWeb Favicon YahooMyWeb