4 lecturas





POCAS VECES, PORQUE EL TRABAJO me lo impide, puedo darme el lujo de ir a una cena o cualquier tipo de eventos.

SE PRESENTÓ LA OPORTUNIDAD Y me lancé al café de Don Chuy, allá donde canta mi amigo Gonzalo Cisneros y mejor me hubiera quedado tecleando.

MIRE USTÉ, PODRÁN DECIR QUE es pura envidia y que la edad se me ha traducido en intolerancia, lo cual es muy probable y comprobable.

PERO LAS LIBERTADES QUE SE dan esos enfebrecidos enamorados que no miden su efusividad amatoria, ni se detienen para presumir sus afectos frente al mundo, siempre me han parecido nauseabundos.

EN INCONTABLES OCASIONES ME HA tocado atestiguar, sin que medie mi voluntad o forzada por la cercanía geográfica con una pareja, los arrebatos amorosos que les atacan a razón de diez caricias por minuto.

NO POCAS VECES ME HA tocado confluir, porque no tengo para dónde más hacerme, en el reducido perímetro ocupado por una pareja que me obliga a participar visualmente de sus arrumacos y hasta de enterarme de esos íntimos escarceos verbales que se pronuncian con voz entrecortada.

ES ENTONCES QUE ME SIENTO más incómodo que los parientes incómodos de los políticos, y me entra luego una suerte de estertor existencial.

Y NO ES PORQUE NO tenga yo con quién ponerme a contar dinero enfrente de quien sea, sino porque creo que en ninguna otra circunstancia de la vida se consigue, tan a la perfección, el cometido de hacer caer al prójimo en cuenta de su condición de sobrante.

AHORA, DIJERAN, SE TRATA DE dos jóvenes con las hormonas en pleno revoloteo, de ésos que aprovechan cualquier recoveco para ventilar sus afectos, como quiera lo entiende uno.

PERO QUE UN VARÓN ENTRADO en años y una dama que ya no se sancocha de primera intención se den a la febril incontinencia afectiva y lo hagan, además, frente a sus respetables coetáneos que no fueron precisamente convocados para admirar sus aspavientos eróticos, se me antoja una virtual obscenidad.

Y SI EL PAR DE irrefrenables cuarentones, con quienes coincidí, querían hacerme sentir como un estorbo, quiero decirles que lo consiguieron, y que no fui la única persona agraviada con sus adolescentes aunque tardíos arrebatos.

CREO QUE AL INDIVIDUO NOMÁS le faltó besar la planta de los pies de su amada, y eso porque tan rendido homenaje implicaría librarse del apretado abrazo que los mantuvo unidos por toda la noche, sin importarles que mi amigo Gonzalo se desgañitara con esa voz que la verdad no le conocía.

A LA HORA Y MEDIA de que empezó a cantar Gonzalo y de atestiguar la almibarada situación de mis compañeros de mesa, yo ya sentía que eructaba sacarina.

COMO NO SUPE SI APLAUDIR la solidez de su cariño, echarles confeti para celebrar su irrefrenable convicción amorosa, felicitarles por su irrestricta libertad para manifestarse, o escurrirles la sección amarilla del directorio para que localizaran un mejor escenario.

POCO ME FALTÓ PARA DECIRLES que por ahí, por el Fraccionamiento Montessori, acaban de abrir un motel que tiene hasta tubo en la habitación, eso me han dicho…

EN FIN, OPTÉ POR CAMBIAR de mesa para no seguir atestiguando lo que no me incumbe.

CIERTAMENTE, ME VI LENTO, PERO no pensé que el amor y la desvergüenza les diera para tanto rato…

.(JavaScript must be enabled to view this email address)
Comparte ese artículo: Facebook Favicon Facebook Google Bookmarks Favicon Google Bookmarks Twitter Favicon Twitter YahooMyWeb Favicon YahooMyWeb