El anuncio del gobernador priísta, José Reyes Baeza, de trasladar la sede de los tres poderes estatales a Ciudad Juárez, suponiendo con ello que la sola presencia de los funcionarios inhibirá a los cárteles y bandas que pretenden repartirse la frontera a costa de poder de fuego, ha dado lugar, por la ingenuidad del planteamiento, a la exacerbación de una guerra paralela, política, entre dos sectores radicalizados: Los panistas modernos y los priístas viejos. El anquilosamiento de ambos es tan patético como la degradación a la que condenan, sin remedio, a la sociedad.
Unos y otros pretenden ganar reflectores cuando comienzan, al mismo tiempo, los actos proselitistas destinados a la renovación del Ejecutivo y Legislativo locales. La jornada comicial será el 4 de julio próximo y en ella estarán en juego, además de la gubernatura, veintidós diputaciones de mayoría relativa, once por el sistema de representación proporcional y sesenta y siete ayuntamientos a lo largo de una geografía obviamente contaminada por el dominio de las mafias, las ejecuciones sumarias derivadas de éstas y las interrelaciones inconfesables entre no pocas autoridades y los “capos” que las “protegen” a cambio de impunidad... y, obviamente, riquezas.
El conflicto entre las distintas instancias de Gobierno, con signos partidistas diversos, no es nuevo. En Ciudad Juárez han cohabitado, desde hace varios trienios, alcaldes y gobernadores adversarios, esto es panistas y priístas con fuertes apegos facciosos. Esta circunstancia ha prohijado, de inicio, la ausencia de continuidad en proyectos y planes, sobre todo de índole social, en una urbe atizada por la migración permanente y los espejismos del norte.
Donde comienzan los intereses compartidos en la cúpula del poder, termina la justicia. Y mucho más cuando la clase política basa destinos e impunidades en su capacidad para negociar con vista al futuro. Sobre todo en esta época en la que es casi imposible salir airoso, con prestigio digo, de los cargos gubernamentales. Son pocos, poquísimos los mandatarios capaces de resolver las coyunturas del final de sus períodos con una buena catarata de publicidad y reconocimientos. Los más, cuando cesan, son referentes para todos los males, incluso si coinciden en las militancias partidistas y son proclives a recibir los espaldarazos de sus sucesores, sus cómplices, en pleno festín de impunidades.
Ciudad Juárez, en todo caso, es el ejemplo extremo de la promiscuidad ideológica de nuestros políticos. Lo mismo cuando surgen coaliciones insostenibles moralmente que cada que convierten los escenarios de sangre en magníficos foros para la exaltación de las vanidades tuertas. No importa si las simulaciones vienen del ámbito federal, del círculo estatal o de las apretadas líneas municipales. Al final, las coincidencias no se dan en cuanto a resultados sino a la metodología populista, esto es con tendencia a cooptar, o pescar, ingenuos desinformados.
La Anécdota
¿Espionaje o advertencia velada? ¿Si les digo que ya extrañaba las interferencias a mi número telefónico, me lo creerán los amables lectores?
En la recta final de la elaboración de mi nuevo libro, éste sí de corte político y orientado hacia la carrera sucesoria –los editores de Océano me aseguran que a en la segunda quincena de abril estará en circulación-, mi teléfono, supuestamente número privado, ha “muerto” recurrentemente.
“http://www.rafaeloretdemola.com” http://www.rafaeloretdemola.com
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de que manera puedo conseguir el todos sus libros? el que me interesa mas es el de “los complices”