Ahora se está iniciando una nueva operación bélica para asegurarse mantener el poder mas allá de este sexenio. La actual lucha por el poder, de la que estamos siendo testigos, está confrontando a grupos políticos, que hoy están utilizando una gran diversidad de recursos, unos derivados de la experiencia de los participantes y otros obtenidos de las ciencias humanas, que han visto un gran desarrollo desde mediados del pasado siglo. Una de las ciencias que más han aportado, tanto a la política como a la guerra, es la Psicología Social. De entre sus contribuciones, muy relevante es la de “Operaciones de lucha psicológica”, que, como nos dice el general Harold Johnson en su manual clásico, son un medio bélico para conseguir fines establecidos por la política.
¿Qué utilidad tienen las operaciones de lucha psicológica? Sirven para cambiar la moral de los grupos humanos objetivo, incrementando la motivación o produciéndoles un efecto depresivo: buscan reducir o mejorar la eficiencia de los participantes, ya sea negando los logros del grupo rival o haciendo creer a los aliados que aún es posible el triunfo; fomentan la deserción en los grupos opositores, mediante el incremento de angustia, rompiéndoles la tranquilidad en su vida cotidiana; engañan o desorientan con el recurso de los rumores o las noticias falsas; crean la unidad en torno al grupo aliado, repartiendo bienes futuros; manejan la imagen informativa adecuada, haciendo sentir seguridad o inseguridad; además, reencausan intereses, mediante la saturación de nuevos temas, crean o destruyen imágenes, o las reducen a proporciones manejables explotando las debilidades personales, políticas o motivacionales de los líderes, y finalmente, buscan establecer una audiencia con alto grado de credibilidad. Una de las tácticas más desarrolladas para operaciones de lucha psicológica es la Tecnología del Rumor que, siendo de las más sencillas, puede ser muy efectiva. Usted y yo estamos expuestos a esta dinámica, pero esto no tiene por qué preocuparnos si es que mantenemos la mente abierta y no tomamos la opción de lo aparente, de las imágenes, sino de lo profundo, de los programas de trabajo que presente cada grupo político en pugna.
Una de las tácticas más desarrolladas para operaciones de lucha psicológica es la Tecnología del Rumor. Hace años, en el inicio de los 60 del siglo pasado, se efectuó en Francia un experimento para probar tanto la fórmula de construcción como las posibilidades sociales del rumor (de eso que llamamos chisme). Fue realizado por un grupo de psicólogos y consistió en construir un rumor que, aun cuando era lógicamente absurdo, pudiera ser creído por la gente. El experimento consistió en comunicar a cuatro personas líderes de opinión que en un supermercado (en la ciudad de Lyon), una víbora (un áspid africano), que estaba escondida entre la fruta, había mordido a una persona, causándole la muerte. La noticia impactó a la comunidad, de forma tan imprevista, que el supermercado en cuestión tuvo que cambiar completamente su sistema de presentación de frutas y verduras. Pero esto no fue todo. Este rumor le dio, en años posteriores, la vuelta al mundo, de Europa a Asia y luego a América, siempre adaptándose a las condiciones locales. En Saltillo se presentó a final de los 70, cuando se instaló el primer gran supermercado. En el rumor, la víbora había sido de cascabel, estaba en el exhibidor de las uvas y la mujer había muerto por la mordedura. Las condiciones sociales del rumor habían sido probadas.
El rumor en sí nunca podrá ser probado, pero siempre tenderá a ser justificado con ideas que le den apariencia de verdad. La fórmula con la que se construye el rumor tiene dos elementos: el interés que despierte la noticia en la comunidad y la ambigüedad que tenga. Estamos en tiempos políticos y se empezará a escuchar o a leer en internet una gran cantidad de rumores, todos “de buena fuente”, pero usted será muy cauto en distinguir un rumor de una noticia, porque no debemos formarnos opiniones sin fundamento, ni sobre eventos trágicos, ni sobre los personajes políticos por los rumores que circulen de ellos, sino por lo que ellos mismos declaran y proponen. Son tiempos de prudencia, quién lo duda.
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