Los expertos en administración Gary Hamel y C. K. Prahalad relatan un experimento llevado a cabo con un grupo de monos. Cuentan que cuatro monos fueron puestos en un cuarto que tenía suspendido, al centro, un racimo de plátanos. Hambriento, uno de los monos empezó a subir por una estructura para conseguir el preciado alimento, pero cuando estaba por alcanzar los bananos, los investigadores le lanzaron un chorro de agua fría. Chillando, se bajó y renunció a su intento de conseguir comida.Los demás monos hicieron esfuerzos similares y cada uno fue bañado con agua fría. Después de varios intentos, finalmente se dieron por vencidos. Entonces los investigadores sacaron del cuarto a uno de los monos y lo reemplazaron por otro. En el momento en que el recién llegado empezó a subir, los otros tres lo agarraron y lo bajaron.

Después de haber intentado subir varias veces y de ser bajado por los otros, éste finalmente se dio por vencido y no volvió a hacer el intento. Los investigadores reemplazaron a los tres monos originales, uno por uno. Cada mono nuevo fue bajado por los otros antes que pudiera alcanzar su meta. Llegó el momento en que el lugar estaba lleno de monos nuevos, que no intentaban subir. Lo más curioso del experimento es que ninguno de éstos había recibido una ducha de agua fría... sólo sabía que no debía intentarlo, pero no sabía por qué. En el camino hacia nuestros objetivos nos encontramos con una serie de alertas, voces generalmente bien intencionadas. ¿Qué o quiénes son estos “monos”? Personas que buscan protegernos. Aunque su consejo puede aportar gran sabiduría, también puede estar basado en el dolor de su propia experiencia “No hagas, no vayas, no digas... porque te va a doler”. Hay que recordar que vivimos en una realidad cambiante, por lo que el “fracaso” de una persona sólo quiere decir que está, en un momento específico, bajo circunstancias muy concretas, no tuvo éxito.

Soluciones posibles:

* Tomar lo bueno y entender que su consejo no está “bien” ni está “mal”, sino que es una visión particular del mundo.

* Buscar el consejo de quien ya tuvo éxito en lo mismo que tú deseas lograr y que puede guiarte a realizarlo.

* Relajarse. La perfección no es el objetivo, tampoco lo es tomar siempre las decisiones correctas. Relájate y date permiso de fallar.

* Transformar el diálogo pesimista a su opuesto usando preguntas. Por ejemplo: ¿de qué manera sí podría lograr mi objetivo?, ¿qué puedo aprender de esta situación?, ¿cómo puedo aprovechar al máximo esta oportunidad para servir a los demás, crear un negocio rentable y sentirme pleno?
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