El fracaso de la Presidencia de la República en Michoacán y sobre todo de sus grandes operadores de importación –el “mexicano” Solá y Antonio Navalón-, quienes utilizaron todas las tareas sucias imaginables –desde la siembra de terror para inhibir a los votantes a sabiendas de que el abstencionismo suele ser favorable al partido en el poder federal o estatal, según sea el caso, es decir de ninguna manera al PRI, hasta el hackeo de la página del Instituto Electoral de Michoacán con cuatro millones de usuarios siguiendo a los llamados Anonymous Hispano-, con la intención de convertir a una entidad profundamente izquierdista en feudo de la derecha por decreto superior, revelan los altos niveles de vulnerabilidad de todos los actores de cara a la sucesión presidencial en 2012.

Por principio de cuentas, en apariencia, los “narcos” y “terroristas” no aparecieron. Ésta es una buena noticia a menos de que, sin fiebres elucubradoras de por medio, supongamos que debajo de la mesa se dieron ciertos acuerdos para posibilitar la jornada sin sobresaltos mayores salvo las amenazas vertidas en algunos diarios y, otra vez, en las redes sociales, uno de los instrumentos que, por lo visto el domingo, serán claves para el próximo año y los efectos de los comicios federales. No hubo violencia expresa pero sí una tenaz deformación de imágenes que extendieron la confusión con las declaraciones de victoria, obviamente precipitadas, de los tres contendientes registrados, incluyendo al perredista Silvano Aureoles quien dijo que llevaba un punto de ventaja sobre el PRI asegurando que la aspirante del PAN jamás había estado en el juego.

No obstante, los factores fueron diversos:

1.- A posteriori –esto es a toro pasado- la candidata del PAN, “La Cocoíta” dueña absoluta de la parafernalia presidencial, y el lópezobradorista Silvano Aureoles, quien nunca reconoció liderazgo alguno en el gobernador Leonel Godoy Rangel y mucho menos tras las descalificaciones a éste por cuenta de las interrelaciones sospechas de su medio hermano Julio César-, adujeron que Fausto Vallejo Figueroa ganó porque fue él quien “negoció” con el crimen organizado y concretamente con Servando Gómez Martínez “La Tuta”, jefe visible de la llamada “Familia Michoacana”. Si la hermana de Calderón tenía informes al respecto, ¿por qué se los guardó hasta el final? ¿Acaso confió en que sus operadores y el Estado Mayor Presidencial serían capaces de vadear el escollo cuando fue ella la única que pudo realizar una campaña “normal” mientras sus adversarios apenas salieron de la periferia de Morelia?

2.- Otro asunto significativo tiene que ver con el papel de Humberto Moreira, a quien se sentenció de antemano para el caso de que no ganara el PRI en Michoacán. Quizá por ello no acudieron al festejo de Vallejo los “presidenciables” Enrique Peña y Manlio Fabio Beltrones. Pudiera decirse que Moreira se encontró en una verdadera encrucijada: Traicionar al PRI para evitar el linchamiento presidencial; o traicionar al mandatario federal para congraciarse con sus correligionarios y “salvarse” en apariencia. En cualquier caso, Moreira Valdés no parece estar cerca del salvamento; muy al contrario, evidenciándose su proceder poco institucional.
3.- No olvidemos los serios “incidentes” de los últimos días: El asesinato del alcalde de La Piedad, Ricardo Guzmán Romero, en la víspera del cierre de campaña, y la caída del helicóptero Superpuma en el que perdió la vida el secretario de Gobernación, con sospechas acrecentadas por el mal mantenimiento del aparato según denuncia el hermano del copiloto de la aeronave fatídica. Los dos hechos, en sí, favorecían al PAN y su candidata en cuanto aparecían como víctimas. ¿O acaso la caída de la aeronave, fue un aviso a la Presidencia sobre el destino que podría correr la hermana mayor del mandatario? Es obvio, eso sí, que la apuesta era la siembra del terror entre los votantes, una fórmula que no resultó del todo porque salió a votar algo así como la mitad del Padrón.

4.- El PRD fue el gran perdedor. Primero, el candidato Aureoles aseveró que “La Cocoa”, panista, nunca había estado en la contienda por lo pobre de su convocatoria a pesar de la parafernalia presidencial; después, al conocerse los resultados, se sumó a la panista en su denuncia sobre la participación del crimen organizado. Y, finalmente, solicitó la anulación de los comicios... porque sencillamente fue sorprendido por los escrutinios como la mayor parte de los estrategas de cada uno de los partidos. Incluso, entre el PRI ya había cundido el desaliento y consideraban que la cofrade presidencial tenía en la bolsa la gubernatura, hasta que se les apareció el “diablo” Vallejo.

5.- El crimen organizado se hizo presente, cuando menos, en La Piedad. Y la respuesta panista fue tibia, si acaso algunos reproches de su abanderada en contra del gobernador Godoy. Quizá el exceso de confianza, provocó que “La Cocoa” limitara sus denuncias para no heredar rencores peligrosos. Porque, es obvio, dentro de un año ya no será hermana del presidente y como están las cosas, de haber ganado, hubiese sido para ello poco más que imposible conciliar posiciones con la nueva administración federal. Para ella, los refugios a futuro eran de mayor trascendencia que el cobijo presente y perentorio del Estado Mayor.
Las elecciones en Michoacán, como adelantamos, es apenas un pincelazo de cuanto podemos esperar en julio de 2012.


Debate

Más allá de las posibles impugnaciones queda la sensación de que Fausto Vallejo actuó solo, sin los debidos apoyos, como consecuencia de los acuerdos soterrados entre las dirigencias partidistas y los gobiernos federal y estatal de Michoacán. Por ello, además, ni siquiera contó con la presencia de Peña ni la de Beltrones en la hora cero, esto es durante y al fin de la jornada electoral, porque sencillamente no creían que pudiera remontar la cuesta de las inducidas encuestas –telefónica y no de campo tras los secuestros de nueve encuestadores de Mitofsky y Parametría-, y prefirieron alejarse para no ser ellos quienes asimilaran el fracaso. Todo estaba preparado para lanzar a la hoguera a Moreira quien, sin embargo, no está del todo libre de culpa... por su evidente tibieza en los últimos días de campaña.

La pretensión perredista de repetir los comicios, en un entorno tan contaminado y de alto riesgo, sería tanto como el comienzo del incendio político que devastaría las interrelaciones entre el poder y los partidos. Y además podría proyectarse a la contienda por la Presidencia, con efectos de muy altos costos. Es preferible, para todos, dejar fluir las cosas como se dieron para evitar una catástrofe mayor. Desde luego, es necesario que algunas cabezas caigan, entre quienes engañaron y cuantos se dejaron llevar al abismo –los presidenciables panistas- en una entidad que no podría inclinarse por la derecha por historia e ideología.

Fallaron los cálculos porque nadie fue capaz de medir los alcances de las bandas narcoterroristas que dominan gran parte del territorio michoacano. ¿Cuál es, entonces, la apuesta? Primero deben analizarse los hechos: El crimen contra el alcalde de La Piedad, la caída del helicóptero en que viaja Francisco Blake Mora, la victoria sorprendente de Vallejo, quien de ser el mejor posicionado fue “arrollado” por las encuestas mentirosas. ¿Y para cuándo podrán regularse tales sondeos para evitar las inducciones perversas y las confusiones posteriores?

México sigue atado a una democracia ramplona en donde los factores externos pueden destazar la voluntad general a favor de la minoría más votada. Vallejo ganó con el 35 por ciento de los votos: El sesenta y cinco por ciento restante le negó su aval.


La Anécdota

El mayor de los errores que ha cometido el PRD es haber confiado, cuando Andrés Manuel López Obrador iba encabezándolas, en las encuestas. Con ello fue sencillo construir el escenario y señalar al perredista como un niño rabioso, farsante, que sólo creía lo que le convenía.

Por ello, en Michoacán, se construyó un escenario similar en el que el PAN superaba, con amplio margen, a sus adversarios. Y tal no se reflejó en los escrutinios a pesar de que las tareas sucias las hizo el PAN como la compra de votos –denunciada durante la jornada electoral- y otras lindezas. Sencillamente, el tiro por la culata.
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