QUERIDAS NIÑAS,
QUERIDOS NIÑOS:


Sé que ustedes no van a leer esta columna, sin embargo, deseo dedicarla a ustedes para que la lean sus papás y comprendan una vez más la razón de su gran amor por sus hijas e hijos. Mi deseo es que hoy Día del Niño, tengan lo que todos los niños tienen derecho a disfrutar: mucha alegría y mucho cariño. Ése es el mejor regalo que les pueden hacer sus padres. Para ustedes:

¿QUE ES UNA NIÑA?

Las niñas son lo más agradable que puede sucederles a unos padres. Nacen con un brillo angelical y, aunque algunas veces se desgasta, siempre hay suficiente para cautivar el corazón, hasta cuando se llenan de tierra y lloran temperamentalmente o se pasean por toda la casa con las mejores ropas de mamá.

Una niña puede ser más dulce o más traviesa y difícil con más frecuencia que nadie en el mundo. Puede corretear, tropezar y hacer ruidos raros que irritan; sin embargo, precisamente cuando abres la boca, se queda quieta con esa mirada especial. Una niña es la inocencia jugando con el lodo, la belleza parada de cabeza y la maternidad jalando una muñeca por el pie.

Las niñas vienen en cinco colores: negro, blanco, rojo, amarillo o café. Sin embargo, la madre Naturaleza siempre se las arregla para seleccionar tu color favorito cuando haces el pedido. Ellas desmienten la ley de la oferta y la demanda –hay millones de niñas–, pero cada una es tan valiosa como un diamante.

Dios pide prestado de varias criaturas para hacer a una niña: Utiliza el canto de un pájaro, el chillido de un cerdito, la terquedad de una mula, los gestos de un mono, la agilidad de un chapulín, la curiosidad de un gato, la velocidad de una gacela, la astucia de una zorra, la dulzura del ronroneo de un gatito y, para completar, le agrega la mente misteriosa de una mujer.

A una niña le gustan los zapatos nuevos, los vestidos de fiesta, los animales recién nacidos, las muñecas, la chica de enfrente, fingir, las clases de baile, los helados, las cocinas, los libros para colorear, el maquillaje, ir de visita, las fiestecitas y a veces un niño. Le desagradan las visitas y los niños en general, los perros grandes, los “gallitos”, las verduras y que la mamá no le permita estar en la sala cuando sus amigas la visitan.

Ella es la más ruidosa cuando estás concentrado, la más bonita cuando te ha provocado, la más ocupada a la hora de dormir, la más callada cuando quieres presumirla y la más coqueta cuando definitivamente no quieres darle un permiso.

¿Quién puede causarte más pena, alegría, irritación, satisfacción y encanto genuino que esta combinación de Eva, Salomé y Florence Nightingale? Ella puede desarreglar tu hogar, tu cabello y tu dignidad, gastar tu dinero, tu tiempo y tu paciencia, y justamente cuando estás listo para explotar, su brillo encantador aparece y pierdes otra vez.

Sí, ella es una molestia que te exaspera, un manojito ruidoso de calamidades. Pero cuando tus sueños desfallecen y el mundo es un caos –cuando te sientes casi un tonto–, ella puede convertirte en un rey en el momento en que se trepa a tus rodillas y murmura: “¡Te quiero!”

Alan Beck.

(Con algunos pequeñísimos cambios).

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EL ECO

Padre e hijo caminaban en el interior de una gruta. Juntos observaban algunas de las maravillas que la Naturaleza nos ha regalado en esos recintos, más de pronto se escuchó un grito y luego la inmediata respuesta del eco que ahí se producía. El niño, lleno de curiosidad, le preguntó a su padre qué era eso:

Es el eco –respondió el papá.

¿Qué es el eco? –preguntó de nueva cuenta el niño.

El padre se quedó meditando durante algunos segundos y creyó oportuno darle una lección de vida a su hijo.

El eco es la respuesta de la vida. Pon atención hijo. Grita: “feo”. El niño gritó: ¡Feo! El eco al instante le respondió: –Feoooooo–, hasta que se perdió el sonido.

Ahora grita: “mal” –ordenó el papá. ¡Mal!, gritó el hijo. Y el eco le respondió: –Maaallll–, hasta volver a perder el sonido.

Ahora grita: “bonito” –le dijo el papá. ¡Bonito!, –exclamó el pequeño. Y el eco respondió: –Bonitoooooo–, hasta que se perdió el sonido.

Grita: “¡bien!” –le dijo el papá. El niño lo gritó y también el eco le
respondió.

El padre ahora le dijo a su hijo: ¿Te das cuenta hijo, cómo el eco es la respuesta de la vida? Como tú le hablas, ella te responde.

Anónimo