El azar de las fechas históricas decide cuándo descansa el mexicano.

Lo que genera un calendario errático de fiestas “de guardar”.

En todo el verano, por ejemplo, no hay un solo descanso obligatorio.

No se justifican el día de la Constitución, el de Juárez, el del Trabajo.

Bien podríamos reducir las fiestas a la Navidad y la Independencia.

Y todos los otros festivos canjearlos por la Semana Santa entera.


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