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El campeonato de futbol mexicano nos presenta la final más predecible, la que todos los apostadores habrían firmado en su quiniela, pero la que más pereza me dará ver. En verdad me habría encantado disfrutar un duelo entre Puebla e Indios y que todos los equipos supuestamente grandes se mordieran un labio de envidia.

Mas ahora, pensando en el juego de 180 minutos que nos encontraremos jueves y domingo, lo que “nos cantan” las estadísticas del torneo es que le podríamos dar el trofeo de campeón al Pachuca de una buena vez, pues durante la temporada fueron el mejor local (embocaron 28 anotaciones y sólo recibieron 8) y como visitante también andubieron en las zonas altas, en el cuarto escalón, en ambos casos arriba de los Pumas.

El único factor que podría derrumbar a un equipo tan competitivo y regular como los Tuzos es que se pusieran en un plan de divos, el exceso de confianza es el cáncer más terrible en un deportista y todos vimos el domingo pasado que es un pecado que los “pachucampeones”cometerían con entera facilidad, pues los Indios ya les sacaban el milagroso resultado. Si no hubiera existido esa extraordinaria conexión que tuvieron los delanteros albiazules en los últimos minutos y que culminó Blas Pérez, el entusiasmo con que jugó Ciudad Juárez bien los pudo echar fuera de la Liguilla.

Pero ahora contra los “unamitas” (a los que Pachuca ya les ganó en la jornada 5) les auguro el siguiente pronóstico: un cerradísimo juego en Ciudad Universitaria (que bien terminaría 0-0 ó 1-1) y una goleada categórica de 3 goles a favor de los hidalguenses en la vuelta dominguera del Estadio Huracán.

A CORRER Y TROTAR

En lugar de salirme temprano para comprar la barbacoa antier, agarré para la sierra con unos amigos que se juntan todos los días en el Olímpico, para correr, y los fines de semana se van a trotar a las montañas.

No sé qué disfunción cerebral me animó seguirles en la idea, porque lo mío no es andar levantado antes de mediodía, así que con lagañas hasta los pies me llevaron a la sierra de Arteaga, allá por la Carbonera y me hicieron correr como si Scarlett Johansson fuera adelante de nosotros, por espacio de 30 kilómetros, más o menos.

Ayer que llegué a trabajar aún me dolían las rodillas hasta la pared de enfrente, como si me hubieran dado de batazos, y caminé zigzagueado, como si un proctólogo me hubiera examinado la próstata, pero llegué feliz, con una sonrisa a lo ancho de toda la cara y todo por la sensación de bienestar que me había generado la “contienda” del día previo.

Levantarse a hacer deporte antes de que salga el sol y ver cómo todo se va iluminando en el día mientras haces algo por tu cuerpo es casi igual de agradable que una borrachera con whiskey fiado. Por eso me atrevo a recomendar que se vayan preprando para el 21 K del próximo 14 de junio y que no evadan el ejercicio, los hará sentirse “invencibles”, aunque los primeros días anden como abuelita con juanetes.
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