La fórmula del PRI para el Senado, en el caso de Coahuila –más adelante me ocuparé de Durango–, se decidió según el cálculo político, no en la lógica natural de las encuestas, siempre sensibles a vaivenes, escándalos y estados de ánimo social. Así pues, de haberse resuelto en base al conocimiento de los aspirantes y las preferencias electorales, hoy los candidatos serían otros. ¿Quiénes? Los funcionarios cuya exposición en los medios y disponibilidad de recursos les permitió crear condiciones para serlo.

Algunos, sin empacho, llegaron incluso a despedirse. Otros cuidaron las formas para no ilusionarse de más ni crear expectativas falsas. Por razones de equilibrio regional, las candidaturas de mayoría recaen en un saltillense y un lagunero. Puede modificarse la primera, mas no la segunda. En 2006, el PRI postuló a Jesús María Ramón, ex alcalde de Ciudad Acuña, y a Salomón Juan Marcos, de Torreón. Pasa lo mismo en el PAN: ese año postuló a Jorge Zermeño y a Ernesto Saro, ex presidentes de Torreón y Ramos Arizpe.

Hasta antes del 15 de enero, los aspirantes más visibles a la Cámara alta eran, por Saltillo: Jericó Abramo Masso, cuyo trabajo en la Alcaldía es bien calificado (las encuestas lo consignan) y no ha tenido conflictos que pudieran cobrársele en las urnas; el anterior líder del Congreso, Fernando de las Fuentes, político sagaz pero al que en una elección estatal le hubiera pesado el tema de la deuda y las reformas para refinanciarla; y el diputado Tereso Medina, pieza clave en el tablero de los hermanos Moreira.

Por la Laguna figuraban el Alcalde de Torreón, Eduardo Olmos, cuya gestión empezó con dificultades que, lejos de disminuir, ahora son mayores; el ex diputado Salomón Juan Marcos Issa, a quien, se presume, el PAN le guarda un expediente; y Miguel Ángel Riquelme, eliminado de la competencia una vez que asumió la Secretaría de Gobierno. Mario Valdés Berlanga y Heriberto Ramos Salas también se barajaron.

Los nombres de quienes fueron postulados –Braulio Manuel Fernández Aguirre e Hilda Flores Escalera– se develaron casi hasta el final, tanto en los centros de poder como en las columnas políticas. ¿Por qué ellos, si otros encabezaban las encuestas y algunos tenían meses o años de haber empezado a aceitar la estructura electoral del PRI? La respuesta pudo darla Pedro Joaquín Coldwell, desde una perspectiva presente y futura: “En política, la lealtad se premia”. Quizá, también, por ser los menos expuestos, dadas las circunstancias. Si Jericó tiene más activos que pasivos, el argumento para no postularlo es que ningún alcalde participaría en las elecciones de este año. No convence, pero se esgrime.

Si se le compara con la actividad política de Hilda Flores, Fernández Aguirre lucirá fuera de forma. Su última elección data de hace 15 años. Pero su trayectoria empresarial (ganadero, socio de Lala y del Grupo Radio Estéreo Mayrán) y su palmarés electoral (diputado local, alcalde de Torreón y diputado federal dos veces, 1985-88 y 1997-2000), le dan solvencia. Además presidió el CDE y compitió en 1999 por la candidatura al Gobierno del Estado. Es el primer lagunero que encabeza la fórmula para el Senado. Tal posición le garantiza el escaño, incluso si el 1 de julio su partido pierde, como ya pasó en los dos últimos procesos. El PRI quiere también a Flores en la Cámara. Sin embargo, para lograrlo, es preciso vencer primero el “fuego amigo”.

.(JavaScript must be enabled to view this email address)
Comparte ese artículo: Facebook Favicon Facebook Google Bookmarks Favicon Google Bookmarks Twitter Favicon Twitter YahooMyWeb Favicon YahooMyWeb