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Dalia Reyes
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13 Diciembre 2016 04:00:00
Fría pasión
Muchos de ustedes, como yo, crecimos en el Noreste de México. Otros muchos, corretearon de niños en las heladas y no siempre verdes praderas de Manitú. El frío, entonces, no era precisamente motivo de asombro.

Las cuestiones climáticas han sido en toda la historia humana un tema de rompe hielo, de rutina, de prevención, laboral, un pretexto, recurso para no profundizar, requisito. En fin, sea verano o invierno, la temperatura personal suele asomarse inevitablemente en las conversaciones cotidianas.

Dije temperatura personal, porque cada quién habla según le va con su frío o su calentura, y hoy quiero abordar una pasión irremediable del ser humano por el asombro a la resistencia del otro, es decir, cada vez que alguien le pregunte a usted: “¿No tienes frío?”, ese alguien le está enviando un mensaje profundo y polisémico más allá de lo imaginable.

Sería por las caminatas exhaustivas o la genética, no suelo aterirme las piernas, así que mientras la temperatura no baje de 10, es viable que porte algún vestido o falda. Este asunto debe haber provocado infartos al miocardio a cientos de personas a lo largo de mi vida, y no por la contemplación, sino por la incomprensión de cómo alguien no usa pantalón cuando los demás sí.

Siempre tengo dos respuestas al cuestionamiento sobre mi temperatura corporal: Una es mental y la otra dicha. La primera versa en frases como: Si tuviera frío me tapaba; la segunda es otra pregunta: “¿Tú sí tienes?”. Ahí cabe la respuesta también con múltiples significados.

Cuando nos preguntan si no tenemos frío, va la idea de que estamos muy destapados, de que no somos conscientes de la salud o la moda; implica cierto reclamo sobre salir de la costumbre de los friolentos, regaño por enseñar cosas que en invierno deberían estar guardadas.

Pienso que si la intención del otro es cubrir al desnudo, en lugar de la pregunta habría una oferta como: Si necesitas un suéter aquí tengo, o algo así. Eso delataría menos el carácter friolento o prejuicioso del otro. Sin embargo, romper con una tradición un tanto morbosa como esa quizá tarde tanto como la próxima glaciación.

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