La lucha se traduce en un enfrentamiento de precandidatos a gubernaturas, que duplica esfuerzos, estrategias y recursos. Las señales que están recibiendo líderes locales panistas generan una incertidumbre que amenaza con paralizar maquinarias electorales y están abriendo las puertas de guerras sucias fraternales. El estudio del caso más notorio se encuentra en Veracruz, donde el choque de las poderosas de Los Pinos le añade ingredientes incendiarios al proceso electoral.
En Veracruz hay un precandidato natural, que ya contendió por la gubernatura hace seis años, Gerardo Buganza, quien aceleró su campaña desde la semana pasada, tras un agrio enfrentamiento el fin de semana antepasado durante un cónclave de panistas locales, frente al secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, con el director del ISSSTE, Miguel Ángel Yunes, quien como suele hacerlo se burló de él y lo insultó. Buganza, lo que nunca, le respondió, incluso, con palabras altisonantes.
Yunes, quien es un panista de nuevo ingreso, ha querido ser gobernador de Veracruz hace tiempo, pero no se le han acomodado las cosas. Fue influyente secretario de Gobierno durante la administración de Patricio Chirinos, quien había sido un poderoso asesor en las sombras del presidente Carlos Salinas, y se mantuvo en el PRI hasta este sexenio. En este momento, Yunes es un político con fuertes expectativas para la candidatura, como candidato del centro. En las últimas semanas trató de despresurizar su precandidatura, y le dijo a algunos líderes políticos que no iría por la gubernatura y se quedaría en el ISSSTE. Nadie le creyó.
Yunes ha continuado con una precampaña extraoficial –como todos los aspirantes al Gobierno, de su partido o del resto- para ir ganando terreno. Yunes y Buganza tendrán la competencia, a distancia, del senador Juan Bueno, quien ha viajado cada fin de semana a su tierra para hablar con electores, pero sobre todo, con los integrantes del consejo político estatal para persuadirlos de que él puede ser el tercero entre la discordia. Bueno sembró una carga de profundidad este viernes pasado al declarar en Veracruz que la candidatura deberá ser decidida entre panistas, y no mediante una elección abierta. Esta postura lo beneficia a él, pero también a Buganza; perjudica a Yunes, quien no es bien visto entre el panismo local.
La dinámica que se vive en Los Pinos los ha llevado a navegar entre los buques de guerra de las señoras Zavala y Flores que están en choque constante. La esposa del Presidente, que tiene un gran oficio político y una inteligencia tan sofisticada que le ha permitido operar ampliamente desde Los Pinos sin que nadie lo note en su exterior, es el gran respaldo que tiene Yunes, de acuerdo con dirigentes panistas. La jefa de la oficina de la Presidencia, que ha acumulado y centralizado el poder de una manera como nunca la tuvo el primer responsable de esa área, Juan Camilo Mouriño, está del lado de Buganza. Ambas han utilizado recursos para mandar a hacer diferentes tipos de estudio en el estado, y ambas tienen resultados diferentes, dicen panistas veracruzanos. Zavala dice que Yunes va adelante, de acuerdo con encuestas que tiene en su poder; Flores asegura que los panistas veracruzanos quieren a Buganza, sugiriendo que esas encuestas no están reflejando la realidad de lo que está sucediendo en Veracruz.
El relanzamiento de la campaña de Buganza esta semana que pasó, tuvo como eje la promoción de “Café Buganza”. Ese nuevo producto en el mercado –que levantó las cejas de los productores de café en el estado, porque no ha pasado sus estándares de calidad-, permitirá elevar la recordación del nombre de Gerardo Buganza entre el electorado, que es importante al momento de votar. “Café Buganza” apareció en espectaculares y en spots de radio y televisión. De acuerdo con fuentes de la industria de televisión veracruzana, la pauta publicitaria, al menos en la entidad, no la pagó Buganza, sino Alejandra Sota.
La señora Flores está violentando el proceso electoral, lo que también está haciendo la señora Zavala, quien aunque no tiene recursos públicos para hacer ese trabajo de proselitismo, el ser la esposa del Presidente le da una ventaja sobre cualquier otro operador político en Veracruz. ¿Dónde esté el líder nacional del PAN, César Nava? Está fuera de esta dinámica de choque. ¿Dónde el presidente Calderón? Metido de lleno en la elección, y escuchando a las dos partes, según dirigentes panistas. A qué juega, nadie sabe. Pero lo que sí ven es que esta tolerancia al doble juego, daña a los panistas veracruzanos.
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