ALLÍ ESTABAN LAS MUJERES VESTIDAS de negro, con lente oscuro y gesto agrio.

LAS POQUIANCHIS…

“¡YA VERÁS MUCHACHO MALCRIADO!… VAN a venir las Poquianchis por ti”.

QUE ROBABAN NIÑOS…

QUE SE LOS LLEVABAN PARA tenerlos presos, para ponerlos a pedir limosna.

QUE ERAN MALAS, POR ESO vestían de negro.

Y DESDE ENTONCES, COMO SUELE suceder entre los hijos del populacho, nunca leímos la nota.

NOS CONFORMAMOS CON LA VERSIÓN de los mayores, los sembradores de la obediencia a partir de miedos ancestrales.

FUE ASÍ QUE TODAS LAS mujeres vestidas de negro, con lente oscuro, no podían ser otra cosa que Poquianchis… robachicos.

MIENTRAS LA NOTICIA SE MANTUVO arriba, que fueron varios meses, uno tiraba a las canicas y otro miraba de soslayo, para que no fueran a “robarle pollo”… y al mismo tiempo, para verificar que no vinieran las Poquianchis.

“PÓRTATE BIEN, PORQUE AYER SE llevaron cuatro chamacos que andaban por el río”.

NI MODO DE SUSPENDER LA jugada del trompo y la rayuela…

no señor, bastaba con una guardia vigilante.

PERO UN DÍA SE MURIÓ don Pablo, el viejecito que solía pasar con una maleta en la mañana y volver con ella misma por la noche.


COMO SI SE FUESE DE viaje y regresara el mismo día…

ESA VEZ SE FUE Y no volvió…

MI MA' LINDA NOS MANDÓ a dejar un ramito de jazmines que cortó del patio…

NOS JUNTAMOS CHIBIRICO, FARINO Y un servilleta para ir como emisarios de las madres de aquellos caseríos…

CADA QUIEN, PEINADITO, GESTO GRAVE y pantalones truncos lavaditos.

CHIBIRICO PIDIÓ ENTRAR PRIMERO, POR aquello de que se le daba la facilidad en la palabra.

ENDEREZÓ EL ESPINAZO ANTES DE entrar y se dirigió a buscar a doña Cuca, la viudita…

PERO NO DIO MÁS DE cuatro pasos hacia el interior, cuando escuchamos su grito espantoso.

Y LUEGO LO VIMOS SALIR con el rostro descompuesto…

“¡JIJUEPUTA… LAS POQUIANCHIS!”

¡PATITAS, PA' QUÉ SON!

CORRIMOS DESAFORADOS HASTA LA CASA, llegamos sin aliento… y detrás un señor que vino a poner la queja de que Chibirico había escandalizado en el velorio.

DEBAJO DE SU CAMA, CHIBIRICO temblaba y rezaba… “No, no me lleven con las Poquianchis… no vuelvo a robar mango de doña Vianey”.

LAS MAMÁS SE DISCULPARON, PROMETIERON ir a dar el pésame más al rato y a nosotros, las buenas madres que nos habían asustado, nos dedicaron media hora para sacarnos del error.

ERAN SEÑORAS VESTIDAS DE LUTO…

LAS POQUIANCHIS ERAN OTRA COSA, ya lo entenderíamos de grandes.

.(JavaScript must be enabled to view this email address)
Comparte ese artículo: Facebook Favicon Facebook Google Bookmarks Favicon Google Bookmarks Twitter Favicon Twitter YahooMyWeb Favicon YahooMyWeb