Si Gaby Vargas se dio cuenta, seguro me borró del feisbuk. No hubo mala intención, holgazanería o abuso de la amistad, fue algo peor: Ignorancia pura.

Muy añejo es el dicho “a donde fueres haz lo que vieres”, pero estarán de acuerdo conmigo: aun a las mujeres nos lleva un rato saberle los modos a sociedades diferentes a las nuestras, donde crecimos y nos hicimos personas. Bueno, pues de ahí el error garrafal cometido por quien esto escribe.

Fui a visitar a una querida amiga, quien entonces vivía en San Antonio, Texas, matrimoniada con un hombre paradigmáticamente norteamericano. En realidad sólo fueron dos deslices, pequeños para el hombre, pero enormes para la humanidad. Ella se divorció unos meses después, y me resisto a pensar que mi acto de vandálica informalidad fue el causante, o por lo menos, el pretexto perfecto.

Arribé a su casa, miré el piso del departamento y me pareció lo suficientemente amplio para dormir en cualquier rincón, como hacen las familias mexicanas cuando llega un huésped, pues estamos de acuerdo que, en nuestra querendona sociedad, insistir en alojarse en un hotel llega a ser muy ofensivo. Pues no fue el caso, el hombre aquél montó en cólera cuando sospechó mi intención; quise arreglar el desaguisado, ofrecí buscar algún hostal, de perdis, pero entonces se armó la revuelta entre los esposos y yo quedé como personaje de caricatura, entre el estira y afloja.

Al otro día, nuevamente estuve en el ajo cuando no supe si, en el restaurante, pagar la cuenta de todos, la mía nada más o ninguna. El hombre se expresó despectivamente de los mexicanos y supe entonces cuánto mis clases de inglés estaban cobrando forma porque entendía hasta las palabrotas.

Pero si no se equivoca uno por lo menos, lo hace por lo más. Ya ven ustedes cómo en la ciudad no es muy bien visto detenerse a platicar largamente, con todo y prólogo, en una visita oficial o en la calle si es encuentro fortuito, por aquello de las prisas. Pues debo decirles que en el rancho me hice fama de la más gruñona de todos, porque si era menester acudir a casa ajena para arreglar asuntos, saludaba e iba al grano. Supe cómo don Chuyito se cuestionó si realmente yo tenía estudios, pues yo obviaba la parte más importante: el rapport, saludo extendido, comentario del clima, actualización del estado familiar y, de pasada, el asunto en común.

No le haya uno, señoras y señores. Sólo espero nadie comente sobre este bochornoso asunto que llevo a cuestas, pero tanto me pesaba que debía decirlo a alguien. Gracias por escuchar y guardarme el secretito.


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