¿Qué o quiénes son la Generación Y? Hay algunas controversias sobre la definición precisa de esta generación, comenzando por el hecho de determinar quién pertenece a ella y quién no. Algunos colocan los años 1983 y 1997 como límites, otros 1982 y 1997. En cualquier caso, sabemos de manera instintiva que son, al menos en lo referente a la edad, los niños y los adultos jóvenes de hoy, la población más sumergida en lo digital, muchos de ellos nacidos con una computadora o un iPod en mano.
¿En qué se distinguen de los demás? Están conectados. No en el sentido entendido por la generación X, pero ellos están literalmente conectados, cableados, incluso de manera inalámbrica. La generación Y creció con los ordenadores, el Internet, los teléfonos celulares, los videojuegos y los reproductores de mp3. Están tan habituados a la web, que es parte de su vida cotidiana, como para sus mayores la televisión. Son capaces, gracias a cómo usan la tecnología, de funcionar en modo multitarea, viendo la televisión y navegando en Internet al mismo tiempo, por ejemplo, a menos que no estén hablando por teléfono, enviando SMS y escuchando música. La multitarea es seguramente una de sus características distintivas.
Como están todo el tiempo zambullidos en los medios, sea en línea o no, la generación Y está asediada por el marketing, pero cuando deben tomar una decisión, consultan a sus amigos. La generación Y tiende a confiar en más en su red social y sus recomendaciones que en el marketing y la publicidad.
“La publicidad que lanza su slogan, una imagen y una atmósfera, eso no llamará jamás la atención de la generación Y”, afirma James Palczynski, analista de Landenburg Thalmann & Co. Reaccionan más bien “al humor, la ironía y la verdad al desnudo”. Además, no confían para nada en la publicidad.
Y aquí viene algo importante: el trabajo no es su vida. No se trata tanto de que no quieran trabajar como que su vida no es eso. Después de haber visto a sus mayores matarse trabajando sin haber cosechado siempre los frutos, esta actitud no es sorprendente.
El trabajo no es su identidad, sino apenas un espacio y un tiempo definidos en su existencia. La generación Y entiende que un empresa debería hacer concesiones como permitirles trabajar donde quieran, adaptarse a sus horarios, aceptar una comunicación más relajada y menos jerarquizada en el seno de la organización, así como ofrecerles un entorno laboral más entretenido.
(Continuará mañana...)
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