No es una insubordinación, sino un cambio en la percepción de la jerarquía, así como un desafío para la dirección, que debe adaptarse so pena de ver la sacrosanta productividad caer debido a la absoluta desmotivación de sus empleados.
La autoridad, dentro de los sistemas sociales donde se desenvuelven día a día, está determinada en gran medida por el reconocimiento a la competencia de un líder, y no al simple hecho de la posición en un organigrama.
Sarah Perez y Fabrice Epelboin afirman que la “Generación Y” tiene una conciencia social. En “La génération Y va tout changer” comentan que el Internet les ayuda a trascender la noción de fronteras. Quedan en ciertos países la fronteras lingüísticas, pero incluso allí es posible encontrar intermediarios que se encargan de asegurar un rol de pasarela para darles acceso a una cultura global de conciencia social.
Leen mucho sobre la actualidad, pero no en los periódicos, lo que explica en gran medida la crisis de la prensa, habituada al monopolio en la difusión de la información. En muchos países (para no decir en la mayoría) sus confianza en los medios es muy baja, lo que los ha empujado a informarse por otra vía, y para los más aguerridos entre ellos a tomar partido –solos o en colectivo– en lo que era antes el trabajo de los periodistas: la verificación de las fuentes y de los conflictos de intereses potenciales del medio que les habla.
Cuando un servicio es utilizado en masa por esta generación, se estima por lo general que tendrá un éxito global, en gran parte porque las fronteras culturales no son las mismas al interior de este grupo demográfico, pero también porque ella representa un segmento creciente de los usuarios de Internet en edad de ser rentabilizados.
Las raras excepciones de esta regla (como Twitter) provocan abismos de perplejidad en los especialistas, mas el sueño de todo servicio que aspira a tener un éxito mundial es impactar rápidamente a la generación Y para probar su potencial.
Si bien la televisión en Internet es una actividad inverosímil para la generación de los baby boomers (nacidos en la posguerra), la generación Y está absolutamente contenta con esta idea. La lucha entre Youtube, Hulu, Dailymotion y otros para obtener los derechos de difusión de series de televisión debería ser por sí sólo un poderoso indicador.
(Continúa mañana...)
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