A la vuelta de los años y con el desgaste de escándalos y conflictos internos, el baluarte del neopanismo, San Nicolás, se volvió vulnerable y menos redituable para Acción Nacional.

Hay un abismo entre el Gobierno y el predominio de los tiempos de Fernando Larrázabal como alcalde, y los desteñidos y balbuceantes de Carlos de la Fuente. Y aún hay peor por venir, con un candidato tan mediocre como Pedro Salgado.

La estructura municipal del partido sigue siendo impresionante y efectiva. Hay un representante panista en cada manzana, un militante en cada renglón de la nómina de la alcaldía.

En la acera de enfrente, el PRI sigue desarticulado, perdida toda su influencia popular, condicionado aun por un cacicazgo que se dejó imperar por demasiado tiempo.

Quiere decir que el PAN muy probablemente volverá a ganar la alcaldía de San Nicolás pero, con la tendencia a menos ventaja sobre su adversario.

Pero el municipio ya no será granero de los muchos votos que sirven para comicios federales y estatales.

Si el PRI se pone las pilas y designa buenos candidatos puede, inclusive, arrebatar al PAN diputaciones locales y federales del rumbo.

El ocaso del dominio panista asoma en el horizonte si la candidatura a la alcaldía se maneja como asunto de la familia Salgado; que en el pasado adquirió a caro precio la delegación de la Profeco para Pedro y hoy le escritura la alcaldía.
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