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Ricardo Alemán
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03 Noviembre 2016 03:00:00
¡Gobernadores roban y diputados solapan!
Nadie, en su sano juicio, puede estar en contra de investigar a fondo las pillerías de gobernadores como Javier y César Duarte, de Veracruz y Chihuahua, y del mandatario saliente de Quintana Roo, Roberto Borge, por citar sólo tres casos. Está claro que sobre esos mandatarios deberá caer todo el peso de la ley.

Sin embargo, la conciencia colectiva olvida que los arriba citados no son todos los gobernadores que han cometido pillerías y, sobre todo, que existe una gran dosis de corresponsabilidad de todos los partidos políticos, de sus diputados a los respectivos congresos locales, sus diputados federales, e incluso sus senadores.

Por ejemplo, poco o nada se ha dicho sobre el endeudamiento, las pillerías, excesos y derroche del gobernador saliente de Puebla, Rafael Moreno Valle, quien llegó al extremo del dispendio en prácticamente todo el país, para promover abiertamente su campaña presidencial.

En buena hora, el INE ordenó bajar una parte de los spots en donde presuntamente con dinero público el gobernador Moreno Valle realizaba una intensa campaña presidencial.

Pero tampoco es todo. Pocos han hablado de las pillerías, los excesos, desvío de recursos y endeudamiento público del saliente gobernador de Oaxaca, Gabino Cué, quien ha sido señalado como uno de los peores mandatarios en la historia de Oaxaca.

Los gobernadores anteriores –Moreno Valle y Gabino Cué– llegaron al poder por la vía de alianza “antinatura” de todos contra el PRI; “champurrado” político electoral que provocó gobiernos sin control, sin freno e incapaces de rendir cuentas a un partido y, mucho menos, a la sociedad.

Pero acaso el escándalo sea mayor si ponemos la mirada en los congresos estatales de Veracruz, Chihuahua, Quintana Roo, Puebla y Oaxaca, entre otros.

¿Qué responsabilidad tienen los diputados locales de los partidos opositores en cada una de las entidades donde el saqueo a las arcas públicas se llevó acabo sin freno?

¿Qué responsabilidad tienen los congresos locales, los diputados de oposición, los diputados federales y hasta los senadores?

¿Dónde estaban los diputados del PAN, del PRD y de otros partidos opositores –diputados locales y federales– cuando Javier Duarte saqueaba el estado de Veracruz? ¿Dónde estaban los jefes de los partidos estatales, los jefes nacionales de esos partidos opositores y dónde estaban los senadores de Veracruz?

En efecto, resulta imperdonable el saqueo de gobernadores como Javier Duarte, César Duarte, Miguel Ángel Borge, Rafael Moreno Valle y Gabino Cué. Nadie en su sano juicio podría defender a esos pillos.

Sin embargo, es igual o más imperdonable la simulación, el silencio, el solapamiento y la “dejadez” de cada uno de los congresos de esos estados y cada uno de los partidos opositores en esas entidades. ¿Por qué?

Porque podrán decir misa tanto los dirigentes partidistas estatales y nacionales, pero lo cierto es que todos saben que los gobernadores de todos los partidos siguen siendo virreyes intocables; políticos de horca y cuchillo que tienen en su mano el futuro de toda la clase política de sus respectivos estados.

Por eso los gobernadores hacen lo que les viene en gana; por eso sobornan políticos, solapan jefes partidistas, compran conciencias opositoras y por eso, en suma, mantienen el control total de cada una de sus entidades.

Por eso cometen toda clase de pillerías sin que nada pase, sin que nadie diga nada, sin que exista una institución capaz de frenar rapiña y trapacería de gobiernos como los de Javier Duarte, César Duarte, Miguel Ángel Borge, Rafael Moreno Valle y Gabino Cué.

Por eso resulta vergonzoso ver lloriquear a partidos, líderes estatales y legisladores cuando, en los hechos, todos han sido corresponsables del saqueo en las entidades en quiebra.

Y también todos lloriquean cuando están ante la quiebra, cual bebés hambrientos en espera de la preciosa leche materna.

Todos piden auxilio de “papá Gobierno”, sin importar que durante décadas han cuestionado el presidencialismo y el ofensivo centralismo. Por eso la pregunta: ¿Hasta cuándo el cinismo y la doble moral?

Al tiempo.

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