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Dalia Reyes
Dalia Reyes
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30 Diciembre 2016 04:00:00
Gracias por nada
Además de la oración de loro que hace mi hijo cada noche, inauguramos una nueva, consistente en dar gracias por tres cosas que sucedieron en el día. Repetir los rezos aprendidos con la abuela no le cuesta ningún trabajo: Es un acto automatizado sobre el cual no puede responder muchas preguntas; sin embargo, encontrar una tercia de agradecimientos le lleva más tiempo del que usted y yo imaginamos.

Iniciamos esta práctica cuando el primer atropellamiento de la adolescencia, disfrazado de inconformidad constante ante todo y todos, hizo su aparición. Di por hecho que en una semana estaríamos dando gracias cada noche por incontables cosas sucedidas durante las 24 horas anteriores. No sucedió así, y en el lugar de mi larga e imaginaria lista aparecen largos segundos dubitativos para acabar agradeciendo porque quedan dos semanas de vacaciones.

Identificar como bendiciones las cosas cotidianas es harto difícil, según parece, sobre todo para los jóvenes quienes han tenido la suerte de crecer en familias con la capacidad para cubrir sus necesidades básicas y un poco más. De alguna manera, los adolescentes asumen que ese mundo en derredor suyo es parte de la naturaleza y ella está obligada a dotarlos de ese conjunto de beneficios imperceptibles.

En realidad esperaba que agradeciera por haber ido y vuelto en auto a la escuela, sin enfriarse ni asolearse; por comer tres veces en el día; por ser atendido en la escuela; por el cúmulo de cosas que lo rodean en su recámara. Todo eso parece invisible.

Tengo un plan para poner a la vista eso que está pasando inadvertido: Le mostraré la cantidad de muchachos y muchachas que madrugan para esperar el autobús y llegar a tiempo a la escuela; conocerá adolescentes que deben de trabajar y apenas comen a las prisas cualquier cosa en el camino; leerá sobre las situaciones de violencia en una gran cantidad de centros escolares; convivirá con chicos que carecen de la pléyade de aparatos que hoy en día acostumbran tener los estudiantes.

Espero tener resultados prontos; por lo pronto, uno ya dio sus frutos: vivir en carne propia el viaje en autobús le hizo ver la diferencia y empezar a ver lo que está frente a su nariz.

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