VEINTE METROS DESPUÉS, las mesas… las sillas… los ladrillos y pedazos de tabla.
LA ESCUELA de la maestra “Chata”…
¿CÓMO se llamaba?
NO ES QUE LO HAYA OLVIDADO, la verdad nunca lo supe… todos le decíamos así, nada más… “La Chata”…
VIRTUOSA DE la matemática sencilla… de las primeras letras… y desde luego, el coscorrón bien ganado.
ALLÍ ESTÁBAMOS… atajo de desarrapados, desde el tercero de kínder hasta el sexto de primaria.
FUE LA ÚNICA que aguantó el trote del profesorado rural…
O MEJOR DICHO, la única maestra que no se casó con un lanchero… con un pescador o con un panadero.
LLEGÓ A LOS 15 AÑOS, y debería tener ya unos 28 para cuando la conocí… sin más compañía que “Lorenzo”, un cotorro que pedía de comer a sus horas…
“LORENZO QUIERE comerrrr”… “Lorenzo quiere comerrrrr”…
IBA ACOMODANDO las cosas para su prolongada soltería…
RESIGNADA YA A LA MALA suerte de no casar antes de los 20, como ocurrió con las otras maestras que llegaron a quitarnos lo bruto, “La Chata” tejía y tejía mientras otros hacíamos nudos con los equiláteros y los isósceles.
ENTONCES APARECIÓ Benigno, el cocacolero…
ERA EL ENCARGADO de repartir los refrescos en un viejo carretón, por los tendajos de la villa.
ERA BURRO, DICEN… no acabó el primero de primaria y un buen día, decidió que era momento, por lo menos, de aprender a sumar y restar.
¡HOMBRE!, ESE NEGRO bembón de 22 años sintió que estaba perdiéndole al negocio porque confiaba en sus clientes…
LE PAGABAN con un billete; y luego él sacaba el paliacate con monedas para que tomaran el cambio… algo le decía que le quitaban de más.
ASÍ QUE “LA CHATA” fue su salvación…
ERA BASTANTE jumento, he de recordar… bien dicen que con el tiempo el coco se hace duro y la letra rebota.
Y NO SÉ… no sé… no sé…
ES CIERTO que “La Chata” olía rico… a perfume y a jabón de pastilla…
ES CIERTO que cuando estaba de buenas se acercaba a nosotros hasta que su mejilla rozaba la nuestra…
ES CIERTO…
PERO ESO NO era provocación, ¿a quién se le ocurre?…
NOMÁS QUE EL DÍA en que hizo lo mismo para explicarle las restas a Benigno, el negro puso los ojos en blanco…
“ES QUE NO HA CONOCIDO mujer”… dijo el doctor que lo atendió de unos espasmos muy feos.
BOQUEABA y pataleaba…
TODOS NOS ASUSTAMOS tanto, que salimos corriendo por el callejón y de encuentro nos llevamos la jaula de “Lorenzo”, que al abrirse, salió caminando y no se atrevió a volar.
LA QUE SI VOLÓ fue “La Chata”…
DIGO, VOLÓ PORQUE en cuanto Benigno se curó, ella fue a pedirle disculpas, pero él le pidió que se casara con ella…
Y SE CASARON, ¿qué más da?… ella no era fea, él sí… pero la iba a librar de la soltería.
ELLA LO LIBRÓ de seguir quebrándose la cabeza, porque en las tardes salía con él a repartir las cocas…
¡Y NI MODO que a “La Chata” le hicieran trampa!
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