¿Hasta dónde hemos llegado?.

- Y lo que falta, profesor.

- Si esto ya es el colmo, ¿cómo podría faltar?.

- Nuestra vida “moderna” está precisamente plagada de razones para que esto suceda sin que nadie haga nada, interfiera o ayude.

- Es que me parece increíble pensar que alguien a un lado, en la fila de un banco, se desplome infartado al suelo y nadie haga nada por ayudar. ¿Y los celulares?.

- No faltará quién diga que “iba a ayudar, pero como en los bancos los celulares están prohibidos, prefirió no meterse en problemas.

- Es que ni los ejecutivos bancarios se movieron de sus asientos mientras el tipo moría entre convulsiones, en el centro de la institución.

- ¿Se imagina usted que alguno se hubiera movido de su escritorio y la persona a la que estaba atendiendo hubiera dicho que “por favor dejara que otro se hiciera cargo
porque lleva mucha prisa?”.

- Prisa. ¿Prisa?. ¿De qué?.

- De vivir, profesor.

- ¿Prisa de vivir?.

- Hoy la vida corre de prisa. Las niñas ya tienen relaciones sexuales desde los 12 o 13 años, se embarazan a los 14, a los 15 las corren de su casa o se van con alguno
con la esperanza de que le mantenga al chamaco, a los 16 ya son prostitutas, a los 19 ya forman parte de una banda de secuestradores y a los 21 reciben una sentencia
de 40 años.

- ¿Y de dónde saca usted esas ideas?.

- Son las notas de los periódicos las que difunden vidas como ésas. ¿Cree usted que una muchachita de ésas tiene tiempo de ocuparse de un pobre moribundo?.

- ¿Por qué no?.

- Porque tal vez está cambiando el cheque que recibió de su cliente y si por ayudar al tipo pierde su turno en la fila, su amante o padrote la golpea o le marca la cara con
una navaja?.

- ¿Y un ama de casa?. ¿Un padre de familia?. Alguien.

- Todos tienen prisa en este tiempo. ¿Acaso ve usted que sea muy común que un señor tenga detalles de caballero y se detenga en la calle para cederle el paso a una
dama o un anciano?.

- No, eso pertenece a otras épocas.

- Épocas en las que la gente, cualquiera, brindaba unos minutos de su existencia a un pobre moribundo.

- Estamos fritos.

- Con esa misma indiferencia vemos que asalten al vecino, al que viaja al lado en el camión, al del carro del carril cercano, o bien, que alguien se robe las elecciones, que
un funcionario se haga de treinta y dos mil millones de pesos o que los diputados, senadores y ministros de la Suprema Corte de Justicia tengan salarios de varios
millones al año y que nadie haga nada. Ni proteste, ni se indigne, ni se abstenga de votar ni nada de nada. A eso hemos llegado profesor. Eso es lo que querían los
señores del poder. Ni más ni menos.




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