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Otto Schober
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Otto Schober. Profesor y Licenciado en Educación Primaria; Comentarista radifónico con cápsulas en Núcleo Radio Zócalo; Funcionario de la Secretaría de Educación Pública nivel Primarias en Piedras Negras, Coahuila, Mex.; Historiador de Piedras Negras, Coahuila, México

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25 Enero 2017 04:00:00
Hechos insólitos -II parte-
Durante siglos, la actual calle de Madero del centro histórico de la Ciudad de México, era conocida como San Francisco, porque en su primer tramo se encontraba el famoso y magno convento de la orden franciscana; en su segundo tramo era conocida como Plateros, porque ahí se encontraba in sinnúmero de joyeros dedicados al trabajo de la plata. Por mucho tiempo fue la calle más importante de la gran ciudad. El 8 de diciembre de 1914, la gente presenció la llegada de Francisco Villa a la esquina de San Francisco e Isabel La Católica.

El Centauro del Norte -como le llamaban a Villa-, bajó de su caballo, pidió una escalera, retiró la plaza que señalaba “Calle de San Francisco” y colocó una nueva con el nombre de “Francisco I. Madero”. Para asegurarse que nadie intentaría cambiarla, pistola en mano lanzó una amenaza, juró acabar con aquel que se atreviera a retirar el nombre del ex presidente -y amigo suyo-, asesinado un año antes. Desde entonces esta calle lleva el nombre de Francisco I. Madero. Antonio López de Santa Anna, no sólo se encargó de perder batallas, guerras y hasta parte del territorio nacional, perdió también lo que pudo ser un negocio lucrativo para México.

En 1836, luego de la desastrosa guerra de Texas, Santa Anna cayó prisionero. A un soldado estadounidense le pareció curioso ver que Santa Anna masticaba sin tragar lo que comía, entonces le preguntó lleno de curiosidad, qué era aquello que parecía no terminar nunca, a lo que Santa Anna respondió regalándole un pedazo de goma obtenido del chicozapote, que al probarla tenía un sabor dulce. Tiempo después vino el estadounidense a México, para adquirir más de aquella goma, a la que le agregó varios sabores. El visionario empresario estadounidense fundó una gran compañía y a partir de entonces, decidió firmar exclusivamente con su apellido. En poco tiempo los anuncios lo hicieron famoso con una sola palabra. Adams.

Indudablemente el presidente Miguel Barragán era un hombre excéntrico. Al morir en el cargo en 1836, como última voluntad, pidió que su cadáver fuera dividido y distribuido en los lugares que habían sido importantes durante su vida. De esa forma, una parte quedó sepultada en la catedral de México, los ojos en el valle del Maíz, lugar de su nacimiento; el corazón en Guadalajara, donde había sido comandante general; las entrañas en la colegiata de Guadalupe y su lengua en San Juan de Ulúa, por haber tomado posesión de la fortaleza al rendirse los españoles en 1825. (Tomado del Anecdotario Insólito de la Historia Mexicana de Alejandro Rosas).

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