Ponte un sombrero dorado
Mucho más que el novelista americano del bullicioso tiempo del jazz y el derroche, el autor de “El Misterioso Caso de Benjamín Button” fue un hombre complejo y un cronista del desencanto latente detrás de la máscara del triunfalismo y la pujanza modernos. Más allá de sus ambientes, sus amores contrariados y sus personajes tan multimillonarios como excéntricos, el periodista cazando el ascenso social —en algún texto autobiográfico recuerda: “es lo que siempre fui: un joven pobre en una ciudad rica, un joven pobre en una escuela de ricos”- el eterno wanna be, habló sobre todo de la desilusión.
El dulce abismo
El futuro de Fitzgerald se signó en su encuentro con Zelda Sayre, derrochadora diva que lo espoleó para generar su precoz obra maestra: “A Este Lado del Paraíso”, libro que tuvo un gran éxito, llevándolos a la ilusión de la anhelada escalada social. De ahí en delante, se dedicaron a vivir más allá de sus posibilidades, en una vorágine de lujos, excesos, peleas, reconciliaciones y deslumbramiento. La verdadera tragedia de la pareja Fitzgerald fue quizá la desesperada atracción de dos almas gemelas en el punto de la colisión. Amantes que no supieron amarse. Y aunque el escritor quería ser un reputado novelista, nunca pudo generar los suficientes ingresos que le ayudaran a mantener su opulento estilo de vida.
Leyenda
Así, se dedicó a escribir historias cortas para las revistas más leídas de la época, además de vender al demonio de Hollywood el alma —los derechos— de su obra literaria: la primera versión —perdida— de “El Gran Gatsby” para cine data de 1926. En 1959 Gregory Peck personificó a Fitzgerald en su etapa final, en “Días sin Vida”. La última versión de “El Gran Gatsby” es de 1974, con Robert Redford como protagonista. En 1976, el Nobel Harold Pinter adaptó su novela inconclusa “The Love of the Last Tycoon”, para ser dirigida y rebautizada como “El Último Magnate” por el gran Elia Kazan y protagonizada por Robert De Niro.
Shigeru Miyamoto, creador de la popular serie de videojuegos “The Legend of Zelda” bautizó así su exitosa saga en un homenaje a la musa del escritor americano.
Barcos hundidos
Todo se acabó con la década de los 20. Después de publicar “Hermosos y Malditos” en 1922 y su cumbre “El Gran Gatsby” en 1925, viajó a Europa y arrancó su cuarta novela que tuvo que abandonar para hacerse cargo de la esquizofrenia de su mujer. En la miseria y la enfermedad terminó y publicó “Suave es la Noche”. El escritor y la diva fueron alejándose. Ella, en centros siquiátricos de ciudades lejanas. Él, alcoholizado, buscando tercamente la grandeza en Hollywood. Murió el 21 de diciembre de 1940 en su segundo ataque al corazón. Ella, 8 años después, durante un incendio en un manicomio de Carolina del Norte. Escrita en francés, la frase que signa la tumba de Fitzgerald y Zelda en Maryland, es también la última línea de su obra cumbre, “El Gran Gatsby”:
“Porque así es como vamos, los barcos que luchan contra una corriente que nos lleva de vuelta sin cesar hacia el pasado”.
Bardo de las bardas
”El dinero ha aniquilado más almas que el hierro cuerpos”.
Scott Fitzgerald
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