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Dalia Reyes
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18 Octubre 2016 04:00:00
Hijo de su madre
Hagamos juntos el siguiente ejercicio: Dejemos cualquier distractor de lado; concentrémonos en nuestra persona; hagamos un recuento histórico desde nuestra llegada a este mundo -versión de madre, abuela o quien la haya contado- y encontremos el momento justo cuando fuimos un individuo, sin lazos sociales ningunos. ¿Listo?
Yo no debo de ser tan lista porque, si usted lo encontró, a mí me ha sido imposible: No veía todavía la luz cuando ya era hija, es decir, en función de mi madre; ahora bien, si nos sirve de consuelo a todos los hijos del mundo, ellas tampoco podrían tener el título sin nuestra existencia.

Más adelante en el tiempo, muchos de nosotros fuimos hermanos, en función de los otros hijos de nuestra madre. También fuimos primos, esto dependiendo de los hermanos paternos o maternos que hayan tenido a bien traer prole al mundo.

Dejemos a la familia por un momento. Algunos fuimos alumnos -en función de una escuela; luego nos convertimos en empleados –en función de una empresa-; otros más en jefes –en función de los subordinados-. Ando y ando y no encuentro el momento justo cuando fui yo sin necesidad del otro.

Somos sobrinos, nietos, padres, abuelos, bisabuelos, tíos, siempre en función de la existencia de otro que nos dé acceso al título. Si escarbamos más en la historia ya no personal sino de toda la humanidad, hemos sido esclavos, en función de un amo; libres, en función de un opresor.

Según dicen las leyes, somos una persona colectiva que a menudo ha marcado a las estirpes con la tragedia: Los peones de un amo culpable eran sacrificados con él; la esposa del faraón entraba en la sepultura con la muerte de su marido; los descendientes de un asesino a menudo son ultimados por los deudos de la víctima, generación tras generación.

En términos se dice que se trata de grupos relacionados para determinados fines. En realidad, yo creo que no existe otro tipo de persona, porque ni usted ni yo somos individuos que existimos independientes de nada. Ahora mismo, yo existo en función de que usted me lee; somos, juntos, una sola persona.

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