Parece leyenda urbana, pero la gente cuenta seria sobre una señora de colonia próspera que viajó a la frontera acompañada de sus hijas adolescentes. Iban en el auto más modesto y sin joyas.
Las detuvieron en un falso retén. A uno de los malditos le gustaron las jovencitas. Se quedaron con ellas. Nada se ha vuelto a saber, salvo la crisis nerviosa de la madre que sigue hospitalizada.
A un empresario le secuestraron un hijo. Mientras juntaba su rescate, lo encontraron ejecutado, desnudo, en un costal.
Por otro secuestrado pagaron rescate elevado, pero como quiera lo ejecutaron. El hermano es ahora un manojo de nervios, ante la explosión de un mofle se orina.
Otro empresario vivió el calvario de un secuestro y gracias a Dios salió con vida. Se fue a vivir a San Antonio, pero meses después no puede apagar las luces de su casa a ninguna hora. Tiene cámaras sobre cada puerta y ventana. Las pesadillas lo despiertan aterrado y sudando.
A un cirujano le despedazaron las manos. A los dos días de secuestrar a un adulto mayor, los delincuentes llamaron a la familia para preguntar qué medicinas le daban, porque se había puesto muy mal. Les dijeron, pero ya no volvieron a llamar, ni a pedir rescate. Temen lo peor.
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