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Dalia Reyes
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10 Noviembre 2016 04:00:00
Hombrecitos
Tras ingerir cuatro cervezas y tres copas de kirsh, Paracelso se sacó de la manga a un homunculus el cual, afirmó, se construía con facilidad si se contaba con algunos ingredientes de fácil consecución: Una bolsa de huesos donde se depositaba esperma, fragmentos de piel y pelo de algún animal del que se quisiera sacar un híbrido; todo esto enterrado en estiércol de caballo, daba como resultado, luego de 40 días, el embrión de lo que sería una personita de 30 centímetros.

Quizá inspirados en semejante hombrecillo, hubo algunos pensadores que decidieron pasar por alto la condición como fue creado este ser e hicieron pública la posibilidad de un homunculus habitando en nuestro interior para decirnos lo bueno y lo malo antes de tomar decisiones. Pero no es de filosofía ni de química que quiero hablar hoy con ustedes, sino de la real existencia de ese “serecillo” en la industria de la moda femenina.

Pues a Paracelso se le escaparon de una caja de Petri y a nosotros por las orejas. El asunto es que andan pululando con autonomía por ahí y se dedican a destrozarnos la existencia a las señoras aun interesadas en vestir con algo más que un costal de papas, esto porque las tallas extras de eso humunculus y mujerunculas a nosotras no nos sirven ni para Niño Dios.

Bueno, no quiero aludir de alienígenas a los personajitos, pero si no son ellos, entonces somos nosotras las extrañas, quienes de ninguna forma entramos en los ropajes ofertados como listos para cubrir cualquier anatomía.

La ropa interior es un ejemplo fehaciente de sus extrañas figuras. Aparecen sus creaciones en bonitos catálogos con leyendas como: Ayudan a reducir el abdomen, no cien la cadera y tienen corte a la cintura. Bueno, pues la creación paracelsiana tiene la cintura donde nosotras los mulos, su abdomen debe de medir dos meros porque a nosotros nada más no nos esconde nada y su cadera es tan ancha como la cintura de Thalía, porque todos los calzones nos llegan a media cadera, dejan una marca indeleble y deja salir sin contemplaciones todas nuestras carnes abdominales.

Los encuartes de los pantalones son otro argumento a favor de mi teoría: Los más altos muy apenas nos cubren las muy adoradas huellas de dos o tres embarazos por debajo del ombligo. La moda de estos condenados hombrecitos nos veta para llevar unos jeans muy sexis cuando somos madres…. ¿será una estrategia religiosa? No lo había pensado así.

Como sea, seÑora, amiga mía y comadre en los lamentos, aliviemos nuestras conciencias: No somos nosotras, son ellos.

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