Cuando uno se enamora de los pueblos en donde la principal característica es la hospitalidad de sus gentes, ya más cuando en cada girón de la patria se encuentra encerrada la historia de sus próceres en donde la infatigable labor de sus colonizadores hicieron posible la creación del pequeño terruño en donde han nacido, vivido y fallecido los nobles hijos que llenaron de bienaventuranza sus familias.

Y cuando en aquella población llegan personas con el ánimo de conocerla, trabajar o realizar estudios, se quedan por siempre prendados de todo su alrededor como ha sucedido con muchos avecindados que con el paso de los años han llegado a querer el solar como si ahí hubieran visto la luz primera, olvidándose de dónde llegaron para quedarse a vivir definitivamente por los años de los años.

Uno de esos personajes que durante su fructífera existencia estuvo yendo y viniendo de Monterrey a Cuatro Ciénegas, fue el doctor Salvador Contreras Balderas, que precisamente hace 50 años llegó para llevar a cabo las primeras investigaciones en calidad de estudiante al ahora famoso Valle que por aquel entonces era un lugar lleno de agua, sin imaginar que aquí se había quedado parte de la historia que diera principio los orígenes de la biodiversidad.

El estudiante que posteriormente se tituló, cursó una maestría hasta recibir el doctorado, tuvo el privilegio de conocer al prestigioso científico norteamericano Wendell L. Minckley, formando el par de investigadores que prácticamente pusieron en el pináculo de la fama lo que hoy es el fabuloso Valle en donde se encuentran las 84 mil 347 hectáreas que conforman el Área Natural Protegida.

Aquí, el doctor Salvador Contreras Balderas, lejos de interesarse en aquellas inmortales montañas y la gran cantidad de pozas existentes, se fueron sucediendo hechos que dieron la pauta para descubrir especies que no existían en ninguna parte del planeta, despertando la atención mundial, gracias a los primeros escritos y teorías que los dos estudiosos publicaron para anunciar a la comunidad científica internacional que Cuatro Ciénegas tenía un potencial ecológico increíble.

El catedrático neoleonés, sabía perfectamente que en el Valle existía una incalculable riqueza natural y muy pronto sus apremios tuvieron respuesta cuando comenzaron a interesarse profesionistas provenientes de otras instituciones, para secundar las investigaciones del biólogo norteamericano y también del mexicano que realizaba viajes periódicos a esta región para acrecentar sus conocimientos.

La participación del científico mexicano fue primordial al participar en dos libros de especies exóticas e invasivos de México, además de presentar un libro sobre Ciencia Ambiental con ensayos sobre Cuatro Ciénegas y otro sobre biodiversidad del Desierto Chihuahuense, precisamente en donde se encuentra enclavada el Área de Protección de Flora y Fauna, convirtiéndose durante medio siglo en uno de los investigadores frecuentes trayendo estudiantes para que hicieran su maestría incluso doctorado.

Las investigaciones de campo llevadas a cabo por el admirado maestro, formaron parte de talleres ofrecidos por él y en la programación de congresos, inclusive en los últimos años participó en varios teniendo como sede la Ciudad Prócer. Por ello, la limpia trayectoria del doctor Salvador Contreras Balderas, que entregó todo a cambio de nada a favor de la conservación y protección del Valle.

“Ten un hijo, siembra un árbol y escribe un libro”, reza un proverbio chino que en el doctor Contreras tiene validez al cumplirlo repetidamente y de paso haberse convertido en fuente de inspiración para sus alumnos en donde nueve de ellos han seguido sus pasos, teniendo a lo largo de la profesión, infinidad de triunfos que le dieron brillo a su existencia, donde nada más el sol lo opacaba.

El amigo incomparable de Cuatro Ciénegas, parte importante en el descubrimiento del lugar que ha maravillado a propios y extraños, ya no está con nosotros, al encontrarse en otra etapa dimensional realizando investigaciones de la naturaleza celestial, que como creyente de ella, tendrá toda la eternidad para seguir haciendo descubrimientos, mientras queda en espera de que, aquellos quienes fueron testigos de su amor por el Valle y sus especies, por lo menos le brinden el justo homenaje que debió recibir en vida.
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