A Carpizo se le debe, por ejemplo, la incorporación en la PGR como su número dos a Mario Ruiz Massieu, luego arrestado en los Estados Unidos por resguardar a narcotraficantes cuando era funcionario de la PGR de Carpizo. Y por ahí anda como testigo protegido el jefe de la judicial federal de Carpizo en la Procuraduría, Adrián Carrera, también por proteger al narcotráfico durante la gestión de Carpizo en la procuraduría.
Y para fortalecer su autoridad moral para criticar a la CNDH, hay que recordar que en diciembre de 1993 estuvieron en la nunciatura del Vaticano los Arellano Félix, perseguidos por el asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo. Cuando compareció “en pantuflas” ante el presidente Salinas y el nuncio Jerónimo Prigione, Carpizo se opuso a un operativo de aprehensión porque la judicial de su PGR estaba penetrada por el narco. Los Arellano escaparon y la judicial siguió pudriéndose con el conocimiento del procurador Carpizo.
Y nadie hay en el mundo como Carpizo para denunciar a la CNDH, sobre todo a partir de su papel en la investigación del asesinato de Posadas para ocultar el narcosalinismo. En su lucha contra las acusaciones de la iglesia, Carpizo llegó al punto de violar la ley, robarse un video sobre una funcionaria de la PGR y filtrarla a la prensa. Y es el mismo Carpizo que acusó en falso y por razones personales a varios periodistas con la insana intención de encarcelarlos, aunque nunca pudo con ninguno de ellos, pese a plantarles evidencias muy al estilo de las operaciones policiacas del viejo priísmo. Y ahora promueve leyes para coartar la libertad de prensa, de expresión y de pensamiento.
Pero no es gratuito que Carpizo McGregor salga ahora con su crítica al presidente de la CNDH, José Luis Soberanes. De hecho, Soberanes ha sido muy estricto en su decisión de limpiar la Comisión de los infiltrados de Carpizo y de la intención de Carpizo de convertir a la CNDH en un cacicazgo personal. Al dejar la CNDH para brincar a la PGR, Carpizo mantuvo el control absoluto de la Comisión hasta la llegada de Soberanes.
Asimismo, la crítica de Carpizo McGregor contra la CNDH llega en momentos en que José Luis Soberanes ha aumentado la intensidad de sus críticas a las fallas oficiales en la inseguridad promovida por las estructuras policiacas del viejo régimen priísta a las que Carpizo nunca decidió atacar y sí, como los casos de sus protegidos Mario Ruiz Massieu y Adrián Carrera, avalar. El narcosalinismo fue posible sólo por el papel de Carpizo como presidente de la CNDH y luego procurador general.
Como primer presidente de la CNDH, Carpizo McGregor utilizó el cargo para catapultarse hacia la Procuraduría General de la República. Desde la Comisión bombardeó a la PGR con acusaciones de complicidades con el crimen organizado y la corrupción de las policías y con ello logró que el presidente Carlos Salinas lo hiciera procurador. Para cuidarse las espaldas, dejó en la CNDH a su pupilo Jorge Madrazo. Pero con Carpizo la corrupción y las complicidades de la PGR con el crimen organizado y sobre todo el narco se daban en los altos niveles, la CNDH quedó en una piltrafa inservible que nunca se atrevió a criticar al procurador Carpizo.
El problema fue serio. Dos de los principales colaboradores de Carpizo en la PGR, su subprocurador general y su jefe de la judicial, fueron acusados, aprehendidos y sentenciados por proteger al narco. Cuando llegó a la PGR, Carpizo McGregor le inventó a Mario Ruiz Massieu --su acompañante desde la UNAM- el cargo inexistente de subprocurador general de la república. Y Carpizo aceptó la recomendación de Ruiz Massieu para poner a Adrián Carrera como jefe de la judicial, a pesar de su expediente de corrupción, de protección a narcos y sobre todo de violador de derechos humanos.
La ofensiva de Carpizo contra la CNDH responde a una lógica personal y pasional: Vengarse de Soberanes porque descarpizó la Comisión y operar una maniobra del ex presidente Carlos Salinas para poner al sucesor de Soberanes en la CNDH. En la lista para la CNDH se encuentran los salinistas Diego Valdés y José Woldenberg, dos operadores de Carpizo durante su salinismo. De hecho, Carpizo es una pieza de Salinas, quien lo hizo rector de la UNAM, ministro de la Corte, presidente de la CNDH, procurador general y secretario de Gobernación. De ahí la filiación salinista de Carpizo.
Lo malo para Carpizo es que ya perdió el encanto. Sus apariciones histéricas ya no generan crisis. Carpizo aún le debe al país su colaboración en el colapso de 1994: Su renuncia perturbada a Gobernación y la renuncia de Ruiz Massieu a la PGR provocaron una salida de capitales, según el Banco de México, de casi 8 mil millones de dólares y contribuyeron a la devaluación de diciembre Salinas tuvo que acudir a la mediación materna para que Carpizo regresara a Segob, aunque de por medio él mismo se autopromovió una oleada de desplegados en prensa suplicándose regresar a Gobernación.
Así que Woldenberg y Valadés tienen ya el beso del diablo de Carpizo porque quieren llegar a la CNDH para restaurar el cacicazgo carpiciano y para representar los intereses de Carlos Salinas.
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Escriben este articulo sin saber, sin investigar desde adentro la administración de Soberanes en la CNDH, la cual deja mucho que desear. Pero claro, este artículo lo único que muestra es un claro apoyo incondicional y por demás dudoso a favor de Soberanes y en contra de Carpizo. Lástima que tengan estos medios para dar sus opiniones personales y para influenciar a la gente sin haber investigado a fondo.