Hoy, 1 de enero, hay que tomar una foto instantánea al país y a Nuevo León para poder apreciar, cuando pasen los meses, cuando haya elecciones o cuando cambiemos de gobierno, qué tanto hemos cambiado y si hay esperanza de un futuro restaurador.

Arrancamos con dos candidatos presidenciales bien definidos y otro que sigue atascado en medio de los conflictos de su partido.

Las encuestas actuales apuntan a un muy probable vencedor, Enrique Peña Nieto. Encabeza holgadamente las encuestas. Pero puede sorprender López Obrador, quien pasó de ser el demonio de 2006 al querubín de 2012.

Pero el no definido candidato o candidata del PAN tendrá a su favor la inercia del ejercicio del poder, las estratagemas del presidente y los tropezones de sus adversarios.

En Nuevo León, la lid electoral semeja una campal a tres caídas y sin límite de tiempo: Pelean apasionadamente el derecho a designar candidatos un gobernador, un grupo de poder panista y otro anclado en el pasado pero oxigenado por el CEN panista.

Pero puede estar seguro de que no habrá debate de ideas, sólo desfile de imágenes.

Es tan difÍcil predecir ganadores locales como federales, por lo menos hasta que se asienten las aguas, allá por marzo.

Sólo recuerde algo vital: en México, los resultados electorales no los definen los votos de priístas y panistas, sino los de los ciudadanos independientes.
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