¿Cuál es la importancia estratégica que tiene México para los españoles? No olvidemos que, en 2008, los bancos hispanos con inversiones en nuestro país aceptaron que gracias a éstas habían podido salir adelante. Los directivos del vasco BBVA-Bancomer, de plano, confesaron que la mitad de sus réditos, ese año crítico, habían surgido de sus captaciones en nuestro país y, aunque jamás lo han aceptado, es obvio que pudieron disponer de los dólares de nuestro mercado para frenar el derrumbe del euro y paliar, de alguna manera, la marea proveniente de las medidas emergentes de la Casa Blanca para hacer frente a su deuda global. Una vez más, los pobres subsidiamos a los ricos mientras Calderón nos hablaba de un “blindaje” que sirvió para maldita la cosa.
De hecho, a través de las administraciones de derecha, esto es desde 2000, son pocos los bancos mexicanos que han logrado mantenerse sin fusiones con los capitales del exterior. Acaso el Banco Azteca, surgido de las tiendas de raya de Elektra y propiedad del intocable Ricardo Salinas Pliego, el más beneficiado por los envíos de remesas de los mexicanos en el extranjero –una concesión sólo posible mediante contubernios de muy alto nivel-, ha podido incrementar ganancias y posiciones. Los socios mandan y de allí los intereses que representan.
No fue casualidad, entonces, que el arribo de Juan Camilo Mouriño a la Secretaría de Gobernación, en enero del mismo 2008, fuera saludado con euforia por los analistas ibéricos que le dieron condición de “vicepresidente” y “delfín” exaltando su origen gallego-madrileño. Tras la muerte del personaje, en noviembre, se deshicieron las negociaciones para la compra de buena parte de las acciones de la española Repsol, reina de los energéticos en la nación del flamenco, en beneficio de otras empresas con seño estadounidense. Una especie de guerra soterrada con México y su gobierno en calidad de rehenes. Luego aparecería Alonso Lujambio, en la secretaría de Educación, como gran protector de los intereses españoles.
En fin, en la hora de la transición, los derrotados socialistas españoles -quienes incluso posibilitaron que un ex franquista, Mariano Rajoy, ganara con mayoría absoluta-, no han tenido otra opción que brindar su apoyo al gobierno entrante –tomará posesión en diez días más-, lo mismo en la Unión Europea, en donde la alemana Merker y el francés Sarkozy no sólo lideran sino imponen las medidas a seguir en toda la Unión con advertencias sonoras contra quienes se rezagan de los proyectos supuestamente saneadores. Esto es, con la herencia de un Gobierno español casi quebrado –según han dicho los voceros de la propia comunidad europea-, Rajoy optó por “sugerir” al devastado gobierno saliente, el de Rodríguez Zapatero quien hasta ojeras dejó de tener en cuanto conoció la derrota histórica de su partido y cedió, de hecho, los bártulos, que siquiera barriera un poco la casa y le asegurara algunos recursos para no entrar con las manos vacías a la presidencia del gobierno. Y en eso, Elena Salgado viajó a México. Bastante significativo.
No se olvide que México fue uno de los garantes para que España tuviera un sitio –por demás merecido- dentro del célebre G-20 en donde, se supone, se aglutinan las economías más poderosas del planeta. Y es éste el pretexto, con miras a fortalecer la presencia española en el grupo, para el viaje de la señora Salgado en momentos en que el gabinete calderonista pareciera ser primerizo al estrenar funcionarios en las áreas estratégicas, sea a causa de los “accidentes” jamás esclarecidos o de las postulaciones políticas con sabor a presidencialismo autoritario.
El fondo es otro: México y su gobierno parecen obligados a proteger los intereses españoles para no volver a sufrir saqueos masivos de divisas que, en este momento, serían ruinosos para las perspectivas de continuidad política que con tanta vehemencia, y de manera poco escrupulosa, defienden los expertos en marketing político importados... de España, precisamente. ¿Enroques o abierta colusión? Juzguen ustedes, amables lectores.
Debate
En resumidas cuentas, al entrante gobierno español, encabezado por Mariano Rajoy, un hombre de derecha admirador de la “obra” de Franco y como tal opositor vehemente de la célebre “Ley de Memoria Histórica” que fue destinada a perseguir y sancionar los crímenes impunes de la Guerra Civil, tiene muy claros objetivos respecto a México y su evolución política: Nada les conviene que no sea garantizar, con cuanto dispongan, la continuidad de la derecha en la Presidencia, esto es como un refrendo a las administraciones de Fox y Calderón que tanto privilegiaron a la nación que no pocos siguen llamando “madre patria”, como si sólo ella hubiese parido a México y no el mestizaje que hizo nacer a una nueva raza. Y para ello se sirve, nada menos, que de emisarios “socialistas”, como la economista Elena Salgado, también beneficiados por los enlaces soterrados con las administraciones de derecha en México. Es curioso: Con Felipe González Márquez, el venerado ex presidente español, los inversionistas de izquierda tuvieron amplios márgenes en territorio mexicano, incluso de la mano del muy influyente Carlos Slim Helú, quien tiene acendrada amistad con González. De allí que algunas empresas de la misma tendencia, como el célebre grupo Prisa que edita “El País”, crecieron durante este lapso de una manera excepcional en territorio mexicano al amparo... de un gobierno derechista. En materia de ganancias financieras, las ideologías suelen importar un conmino. De allí la ponderada actuación de Lula da Silva en Brasil, considerada como un ejemplo vivificante de una izquierda “responsable”, esto es capaz de elevar las coberturas sociales sin romper con las reglas de la globalización.
Sobre México coinciden los dos partidos antagonistas de España y que se reparten casi por mitad el espectro electoral de aquel país. Tanto el PP, en vías de volver a ser gobierno siguiendo los pasos de José María Aznar -la fusión exacta entre Hitler y Chaplin-, como el PSOE, el de González y Zapatero, tienen intereses precisos acerca de que las cosas en México sigan iguales, sin cambios estructurales ni sobresaltos riesgosos. Sólo que las cosas no sólo dependen de los apoyos ibéricos. La violencia, por una parte, y los graves yerros del gobierno calderonista, por la otra, plantean la posibilidad de una nueva alternancia, además por la falta de definiciones en un PAN que se sacude, como el badajo de la campana, entre el presidencialismo autoritario y la ilusión democrática. No por otra cosa, el ex secretario de Hacienda, Ernesto Cordero, tiró el timón de las finanzas para asirse a la consigna de continuidad para preservar los intereses del grupo en el poder, no necesariamente los colectivos y ni siquiera los de su propio partido.
Para los españoles, y su necesitada inclinación por la reconquista, nada les valdría más que la victoria del PAN en julio de 2012. Pobres de aquellos que no lo entiendan.
La Anécdota
Es hora de los Íconos. Hoy, en el día venerado por los mexicanos al pie del Cerro del Tepeyac, no podemos sino recordar las epopeyas históricas bajo el pendón de la Guadalupana, la imagen que tomó el Cura Hidalgo del Santuario de Atotonilco -que merece una manutención digna por su protagonismo histórico-, para hacerlo vencedor contra los realistas empeñados en mantener lo que no era suyo.
Pero también los demagogos han pretendido erigirse en redentores bajo el mismo signo. Vicente Fox, por ejemplo, se refugió en la imagen de la Virgen para persignarse públicamente y encender los adormecidos ánimos de la Cristiada, uno de los más negros pasajes de nuestra epopeya nacional. Pero ni siquiera esto, la historia misma, fueron capaces de resolver los herederos del sinarquismo ni los hijos de Maximiliano... con luengas barbas.
SIGUE SIN DISPONER DE CORREOS ELECTRÓNICOS POR LA INTROMISIÓN DE LA SECRETARÍA DE SEGURIDAD PÚBLICA. ASÍ ESTÁN LAS COSAS EN MÉXICO.
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