Concluye el año con el resurgimiento de hostigamientos considerados casi como los parias de la nación

El tema no tiene la atención pública que merece. Pero sea porque hay más denuncias y/o debido a más casos de intolerancia religiosa en México, todo apunta que las minorías que no son católicas han sido objeto de un preocupante aumento de hostigamientos y persecuciones en el año que concluyó.

Los integrantes de las confesiones religiosas distintas al catolicismo son considerados, en distintos espacios políticos, ideológicos y culturales, casi como los parias de la nación. A esos que eligieron una identidad diversa a la tradicional, se les sigue mirando con sospecha y se les endilga el estigma del extraño. Para quienes voltean la mirada con recelo hacia ellos, los protestantes/evangélicos, testigos de Jehová, mormones (por mencionar solamente a los grupos que más crecen) son avanzada de la ajenidad, un peligro para la integridad nacional.

Hace casi dos décadas Carlos Monsiváis capturó bien la actitud descalificadora hacia los heterodoxos, a quienes sus detractores les soltaban el término “secta” como sinónimo de antinatural y depredador: “En el fondo, a veces disfrazada, la vieja tesis: son ilegítimas las creencias no mayoritarias. Antropólogos, sociólogos y curas insisten con frecuencia, sin mayores explicaciones (tal vez por suponer que el asunto es tan obvio que no lo amerita), en el ‘delito’ o la ‘traición’ que cometen los indígenas que, por cualquier razón, desisten del catolicismo. ‘Dividen a las comunidades’, se dice, pero no se extrae la consecuencia lógica del cargo: para que las comunidades no se dividan, que se prohíba por ley la renuncia a la fe católica (a los ateos se les suplica que finjan). Este retorno a la intolerancia (este olvido de la libertad de cultos) se acompaña de los registros ominosos del término secta, que evoca de inmediato clandestinidad, conjura, sitios macabros, sesiones nocturnas a la lívida luz de la luna, miradas cómplices de los enanos que se reconocen a simple vista” (“Las demás iglesias: los mexicanos de tercera clase”, en Cuadernos de Nexos, octubre de 1989).

La sospecha, el recelo, el arrinconamiento que de entrada son objeto los integrantes de las minorías religiosas en gran parte de los espacios públicos mexicanos, parecen haberse recrudecido en el agonizante 2008.

Concluye el año con el resurgimiento de hostigamientos y castigos que la mayoría católica viene infligiendo a los protestantes, sobre todo de corte pentecostal, en Ixmiquilpan, Hidalgo. Como ya en varios artículos de “La Jornada” lo hemos consignado, los primeros escritos datan del 2001, la intolerancia religiosa (que ha incurrido en varios delitos graves) en Ixmiquilpan ha sido dejada pasar una y otra vez por las autoridades hidalguenses. En lugar de garantizar la libertad de cultos que la Constitución mexicana reconoce a toda la ciudadanía, en Hidalgo por casi una década los sucesivos gobiernos municipales y estatales reiteradamente les solicitan paciencia a los agredidos y dejan en impunidad a los agresores. Los ataques contra los protestantes de Ixmiquilpan forman un amplio catálogo, que van de cortes de suministro de agua y energía eléctrica, presiones para que los no católicos contribuyan a fiestas religiosas de la mayoría, golpizas, negativas para que los evangélicos sepulten a sus muertos en el cementerio controlado por agentes municipales católicos, expulsiones, prohibición de construir templos aunque todos los permisos cumplan con la normatividad.

“La intolerancia religiosa ha vuelto y de manera peligrosa, debido a que aún cuando los evangélicos queremos paz, no estamos dispuestos a soportar la persecución, ni vamos a aceptar ser despojados de nuestras propiedades”, advirtió (SRN Chiapas, 22/XII).

Ya son varios los evangélicos retenidos en cárceles clandestinas controladas por los tradicionalistas.

Para finalizar, llamo la atención a la nota de José Antonio Román, publicada en “La Jornada”, en la que informa de 54 casos documentados de intolerancia religiosa cometidos contra evangélicos en el 2008. La fuente de José Antonio es la organización protestante “La voz de los mártires”. Los actos persecutorios incluyen amagos, privaciones ilegales de la libertad, sanciones económicas, expulsiones, amenazas de muerte y presiones a los niños y niñas de familias evangélicas. ¿En todo esto, dónde están los funcionarios (que no autoridades) encargados de garantizar la libertad de cultos?

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