5 lecturas





No crean que me hace muy feliz esto de titular con un gerundio (viviendo), que es propio de espíritus chambones y de políticos y políticas ociosas con un conocimiento rudimentario de esta faena de escribir (y aun de hablar). Sabedor de mi delito, mi única defensa es curiosamente la influencia que en mi espíritu tiene Álvaro Carrillo, aquel que escribió el verso inmortal: “Voy viviendo ya de tus mentiras” (¡Santos priístas, Batman!).

Apoyado en todo esto, y hecho un diagnóstico de mi actual condición, puedo afirmar que “voy viviendo”, lo cual vendría a significar que no estoy en fase de vida apasionada, pero que tampoco me dejo ganar por la melancolía (la bilis negra). Estoy, si he de decirlo en español mexicano, “a medios chiles” y con media estocada lagartijera adentro. Desde esta oblicua atalaya me asomo al México de los cotidianos cocolazos y veo con pena que, en esencia, seguimos en las mismas.

¡Por cierto, y antes de que se me olvide!: Recibí el cordial telefonema de don José Chapur, que es el mero papas fritas del Hotel Aventura Spa Palace (¡qué nombre, Virgen del Rayo y aun de la raya!). Ya limamos asperezas, ya estamos en franco romance y ya he recibido un verdadero propósito de enmienda. Enderezado este entuerto, volvamos a lo que el día de hoy nos ha traído.

Aquí en la Ciudad de México, el jueves 11 de marzo ha sido un día no muy cargado de acontecimientos. Por lo pronto, fue un día perfecto de preparación para la primavera. Con molestas excepciones, se ha cumplido la ya famosa Ley Federica que se enuncia así: “el más claro y certero indicio de la cercanía de la primavera lo proporcionan las mujeres al usar atuendos sin mangas que permiten ver lo que se llama el hombrito nacarado”; quien vea un hombro así y no extraiga sus deducciones no es hombre, sino una supervivencia prehistórica. ¿Y por qué, ¡oh, maestro!, se llama Ley Federica? La respuesta es muy sencilla: porque esa Ley fue enunciada por Don Federico Reyes Heroles, así tan formalito como se ve.

He comido en el muy recomendable restorán Guadiana y tuve la grata oportunidad de verme deslumbrado por el nácar que me circundaba. Cincuentonas, cuarentonas y aprendices, todas traían su hombrito descubierto y no se imaginan ustedes el centelleo de galaxia recién descubierta que me rodeaba. Lo bueno es que he aprendido a medir mis fuerzas y sólo seleccioné a tres finalistas que, si por mí fuera, disputarían entre ellas en diversas disciplinas eróticas y humanísticas el privilegio único de ser “reina por una noche”. Como diría el Piporro: estaría paaadre. Pues sí, pero pues no; todo quedó en ese melancólico plano de los buenos deseos.

Por su parte, “el Marce” sigue agazapado y todavía no sabemos si se aventará el tiro de la nueva ley de uso de suelo. Mientras tanto, en la Cámara de Legisladores las disculpas van, los perdones vienen y mi cruel y esquiva ex novia Josefina (quien, por si quiere saberlo, causó baja en esta tropa el 14 de febrero) dirige el tránsito plenamente posesionada de su papel. Calderón quién sabe qué maldad andará rumiando y, en general, la República está en vilo, pero por el narco, no por la política. Feliz puente, el lunes aquí estaré. HOY TOCA.

¿QUÉ TAL DURMIÓ? MDCCLII (1752) MONTIEL.
Comparte ese artículo: Facebook Favicon Facebook Google Bookmarks Favicon Google Bookmarks Twitter Favicon Twitter YahooMyWeb Favicon YahooMyWeb