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Vicente Bello
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03 Diciembre 2016 04:00:00
“Javier Duarte, ‘niño de pecho’ comparado con la SCT”
Uno de los encargados de despacho presidencial más esperados en la Cámara de Diputados, a propósito del análisis del cuarto informe presidencial, ha sido Gerardo Ruiz Esparza, titular de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. Y lo hizo el pasado martes 29 de noviembre, ante tres comisiones ordinarias, en San Lázaro.

Muy esperado, porque el gobierno de Enrique Peña Nieto ha tenido desde el comienzo de su sexenio varios fierros en la lumbre en ese sector de las comunicaciones y los transportes. Todos, relacionados con negocios a trasmano hechos con dinero público, y a donde han barbotado nombres tristemente célebres de empresas como la de las siglas OHL e Higa.

Precisamente en ese sector de la economía del país, cubierto por la SCT, está enclavado el negocio emblemático del sexenio con dinero público: la construcción del aeropuerto de la ciudad de México en Texcoco, cuyo costo proyectado originalmente de 102 mil millones de pesos ascendió súbitamente a 180 mil millones.

Higa y OHL ya son en México el referente de la corrupción oficial. La casa blanca de Angélica Rivera, esposa de Peña Nieto, y la casa de Malinalco, de Luis Videgaray, están estrechamente relacionadas con Higa, la considerada –junto con OHL- empresa más consentida del sexenio.

Estas dos compañías constructoras tuvieron concesiones a pasto en el sexenio de Peña Nieto en el estado de México, en cuya administración Gerardo Ruiz Esparza fue el secretario de comunicaciones estatal.

Solamente la diputada federal del PAN Claudia Sánchez Juárez, y el de Morena Renato Molina Arias, invocaron a OHL, a Higa y al aeropuerto internacional en cierne.

Claudia Sánchez Juárez, quien de entrada dijo a Ruiz que encabeza la Secretaría “campeona en opacidad de esta administración”, hizo un recuento del historial del secretario, así: “Para ejemplificar (que es oscura la SCT), hablemos de una de sus empresas consentidas, señor secretario, OHL, que tiene la participación total del Circuito Exterior Mexiquense, con una extensión de 155 kilómetros y una vigencia hasta el año 2051.

“Al igual que la autopista Viaducto Bicentenario, con la vigencia hasta 2038, para la construcción, explotación, operación, conservación y mantenimiento, más los 32.2 kilómetros que componen esta vía”.

Siguió Claudia Sánchez restregando a Ruiz: “En el estado de México, donde usted antes de ser secretario de Comunicaciones y Transportes también ocupó la titularidad de esa dependencia local, OHL obtuvo la concesión para la construcción, operación de la autopista Atizapán-Atlacomulco, que será manejada por la empresa española durante 30 años y unirá el Valle de México con una zona norte del territorio mexiquense y servirá como una alternativa vial para conectar la región del Distrito Federal con la autopista Atlacomulco-Guadalajara”.

Claudia fue la única que detalló así la gestión de negocios entre OHL y Gerardo Ruiz Esparza, en su paso por el Edomex y en Los Pinos.

“Sigamos con OHL, señor secretario”, dijo la panista. “En los primeros 18 meses de este gobierno, la empresa española obtuvo siete contratos por 41 mil 594 millones de pesos, entre tales obras destaco el tramo 1 del tren interurbano México-Toluca, de más de 10 mil millones de pesos y fue ganado por la filial del Grupo Hermes y una división de OHL.

“Por lo anterior, aprovecho este foro para hacer un llamado y solicitar a la Auditoría Superior de la Federación, así como a la Secretaría de la Función Pública, realice una Auditoría, lo anterior para transparentar las distintas obras otorgadas a OHL en su dependencia y lleve a cabo indagatorias exhaustivas, objetivas, expeditas e imparciales”.

Todavía le dijo otras cosas; pero Claudia remachó así Gerardo Ruiz Esparza: “Y por último, señor secretario, dadas las anteriores cifras, me parece que Javier Duarte es un niño de pecho comparado con lo que hace su Secretaría”.

Hueso duro de roer demostró que es Ruiz Esparza, quien respondió: “La parte del Circuito Exterior Mexiquense y el Viaducto Bicentenario, son obras del estado de México, no de la federación, y la Atizapán-Atlacomulco que dice usted que es de la federación, esa sí es nuestra, no es del estado de México.

“Entonces, yo creo que en los dos primeros caso lo correcto sería, por respeto a la soberanía del estado de México (sic: él es de allí, el decidió allí), que se le pregunte al estado de México, cómo va el Circuito Exterior Mexiquense, qué ha pasado con el Viaducto Bicentenario, por qué se han incrementado las cuotas, porque no lo ha decidido la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, lo ha decidido el gobierno del estado de México, del que somos respetuosos”…

“Atizapán-Atlacomulco, efectivamente, es una concesión federal, que ganó la empresa OHL. Toda la información, quizá mejor de lo que yo pueda expresar, está en el portal de transparencia de la Secretaría y se explica quiénes participaron, que en este momento yo no recordaría, cuáles fueron las ofertas y por qué ganó esta empresa”.

Y decía que OHL, lejos de “ser consentida de SCT, sólo ha ganado una concesión federal, de 80 otorgadas en el sexenio de Peña. Una concesión y dos contratos”.

Estaban en la primera ronda; después, en la tercera, Renato Molina, de Morena, cuestionó la insistencia del gobierno federal de construir el aeropuerto en Texcoco, a pesar de que la UNAM, en un estudio, sostiene que ese paraje se hunde cada año 30 centímetros.

Ruiz Esparza negó la validez del resultado de la UNAM, aupándose sobre un estudio encargado por el gobierno al “IMT de Massachussets”.

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