El clima entre el quinto año de gobierno y el de despedida, no pudo ser más bipolar. El 4 de noviembre de 2010 fue el clímax. Humberto Moreira se despedía, exitoso y exultante, frente a miles de personas y la cúpula del PRI que avanza hacia Los Pinos con Enrique Peña a la cabeza. La encuesta de Gabinete de Comunicación Estratégica le colocaba por encima de los treinta y un gobernadores y el jefe de gobierno de la Ciudad de México –con 3.1 puntos en una escala de 1 a 4– como “persona honesta, trabajadora, carismática, que cumple lo que promete y es tolerante a las distintas ideas que existen en México”.

El 3 de noviembre pasado, el tema de la deuda lo siguió hasta la primera fila del Teatro de la Ciudad, donde Jorge Torres dio un mensaje por el último informe de la administración 2005-2011. El nieto de don Isidro López, fundador del Grupo Industrial Saltillo, empezó el sexenio como secretario de Finanzas, relevó a Fernando de las Fuentes en la alcaldía de Saltillo, reingresó al gabinete como secretario de Desarrollo Social y el 4 de enero el Congreso lo designó gobernador sustituto.

Después de semanas de presión política y mediática por los créditos presuntamente irregulares que dispararon la deuda de Coahuila a 35 mil millones de pesos, Moreira vino a reencontrarse con los suyos. Hace apenas un año, en el Coliseo Centenario de Torreón, gobernadores y aspirantes presidenciales lo aclamaban como su futuro líder. Incluso se le llegó a considerar el “plan B” si Enrique Peña resbalaba. Hoy el futuro del presidente del PRI es incierto.

Cuando Torres dio la inversión del sexenio: 52 mil 518 millones de pesos, divididos en siete capítulos, una de las mujeres que ocupaban los pasillos laterales gritó: “¡Para que se lo digan a López Dóriga!”. No tuvo eco. La presencia de Moreira alborotó el teatro. Como en los viejos tiempos, las líderes de colonias arribaron y las porras estallaron. En la calle, el pleito.

El “profe”, al que el 56.6 por ciento de los ciudadanos del país encuestados por GCE en 2010 “le confiarían las llaves de su casa”, estaba de regreso. Sí, pero no era el mismo. Se le veía en el rostro. Se le percibía en la mirada. No era el Moreira de siempre. Le faltaba la aureola. Algunos sectores del teatro lo aclamaban, como si quisieran volver al pasado, recrear los días de gloria.

Jorge Torres sabía qué hacer: cobijar a quien confió en él, le brindó las mayores oportunidades políticas y ahora necesita reconocimiento, comprensión. El Gobernador preparaba el camino para abordar el tema más escabroso y esperado, el de la deuda, bajo la tesis ¿cómo abatir rezagos seculares y tener desarrollo sin disponer de recursos adicionales? La sombra, sin embargo, son los créditos adquiridos de manera irregular, con decretos falsos a espaldas de un Congreso que todo lo consiente. El agravio pesa más incluso que el pasivo, el cual dista mucho de ser leve.

Frente a esa realidad, la justificación política de Torres López: “Nos enorgullece decir que éste gobierno impulsa una política de justicia social que busca saldar una cuenta pendiente con los menos favorecidos. Ése es y ha sido su sello: ser un gobierno de la gente, un gobierno cercano, responsable y solidario”. El 4 de noviembre, “Milenio Laguna” tituló así sus ocho columnas: “Hubo pleito y show, y de la deuda, nada”. Hoy, en efecto, Coahuila es otro.

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