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Dalia Reyes
Dalia Reyes
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30 Noviembre 2016 04:00:00
Juegan conmigo
El sábado anterior tuve un irrepetible oportunidad de saber cuán profunda es mi ignorancia. Bueno, también se consideraría un saber el hecho de darnos cuenta respecto de nuestros nuevos desconocimientos.

Procuro, en tanto me es posible, ser profesora y alumna el mismo tiempo. Lo anterior responde a diferentes motivos: Actualización, profesionalización, mejor comprensión de la postura de mis compañeros docentes y mis alumnos estudiantes, y una escapada fugaz de las obligaciones domésticas. Sólo me detendré en la penúltima, porque las anteriores son consabidas y la última muy comprometedora.

Pues resultó que estando yo entre un grupo de jóvenes estudiantes de maestría, donde yo bien podría ser el fantasma de las navidades pasadas o el mismísimo señor Scrooge, me atrevía ser voluntaria para manipular un juego didáctico en línea. Siguiendo mi costumbre, me entretuve dos segundos y medio en leer las instrucciones, cuando ya mis compañeros gritaban las respuestas. Tardé otro tanto de tiempo en darme cuenta cómo ellos lo habían resulto apenas se abrió frente a sus ojos, porque están acostumbrados ya a los algoritmos de este tipo de acciones virtuales, y entretenerse en leer las instrucciones es, más bien, un acto ceremonial para el que no siempre hay tiempo o disposición.

El asunto es que tampoco necesitaron la concentración y gritaban las respuestas desde sus lugares. Quien dirigía la actividad, pidió un nuevo voluntario y yo cedí mi lugar a una chica que en un abrir y cerrar de ojos escuchó la campanita del “well done” por sus acciones perfectas picándole a los cuadritos.

Toda esa mañana me permití reírme de mí misma contando la anécdota a mi familia, pero pasado el día, caí en la cuenta de mis propios alumnos y sus nuevas ignorancias. A menudo, la exigencia de llevar a todo un grupo a cierta meta, nos lleva con el acelerador puesto y dejamos atrás a algunos quienes, todavía, necesitan detenerse a leer las instrucciones.

Cuando volví con mis alumnos, tuve una actitud diferente con dos de ellos y me permití dedicarles más tiempo y más palabras a fin de que accedieran a saber cuál cuadrito “picar” para acceder al conocimiento y lograr su aprendizaje.

Me dará mucho gusto que todo México ría de mí y conmigo de mi graciosa ignorancia; pero mucha más satisfacción tendré si mis colegas profesores se detienen con algún alumno que requiere más de dos segundos y, antes de pedir otro voluntario, busquen una nueva forma de acercarse a él. Esto en tanto yo tomo, con mi hijo menor, un cursillo rápido de juegos web y videojuegos.

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