La campaña de Elba Esther Gordillo “¿Tú le crees a Madrazo? Yo tampoco...” tuvo efectos demoledores para el candidato presidencial del PRI, en 2006, por su sobrada fama de traidor y embustero. El lema prescindía de la rúbrica de la presidenta vitalicia del SNTE, pero desde un principio se adivinó que ella era su autora. ¿Por qué no firmó? Primero, porque no hacía falta. Segundo, porque, de haberlo hecho, por puro afán protagónico, el golpe habría perdido impacto pues tampoco tiene autoridad como para encabezar una cruzada moralizadora.

Algo parecido ocurre hoy entre Felipe Calderón y el PRI por las declaraciones del presidente a “The New York Times” en el sentido de que “en el viejo régimen político autoritario se pensaba que arreglándose con los criminales no pasaba nada”. Interrogado sobre si “¿El PRI tenía esa reputación?” y si “¿Se preocupa usted específicamente de que ellos tendrán la oportunidad de tener la Presidencia de nuevo?, Calderón condicionó: “Pues depende de quienes. Pero es cosa de examinar las prácticas de cada partido político”.

Después de revelar que hay priístas que en privado apoyan su estrategia contra el crimen organizado, pero que en público dicen lo contrario, el presidente esgrime: “Hay mucha gente en el PRI que piensa que los arreglos de antes funcionarían ahora. (...) Si eso lo pensaran aplicar hoy, el único arreglo posible es dejarles esta casa y la única decisión es si se la dejan al ‘Chapo’ Guzmán o a los Zetas (...). Pero esa es la mentalidad que campea en muchos de ellos, no digo que en todos”. (...)

Para precisar, TNYT replicó: “¿Entonces qué tendencia prevalece ahora en el PRI?”. Calderón puso la respuesta del lado del Partido Revolucionario “Pues habría que preguntarle al PRI”. Estas son las partes de la entrevista que enzarzaron a las dos principales fuerzas políticas del país en un nuevo debate sobre la relación entre el poder y la delincuencia organizada, en particular el narcotráfico. Para nadie es un secreto que el presidente no quiere al PRI en Los Pinos y en ello coinciden sectores de Estados Unidos, del Capitolio y de la Casa Blanca. Pero como ya se ha escrito aquí, tal decisión no depende de ellos, sino de 83 millones de mexicanos.

La cuestión es ¿a quién le cree más la sociedad, los electores? ¿Al presidente Calderón o al PRI? ¿Quién convence más por sus motivos? La Presidencia –aun acotada o mal utilizada– es la institución más poderosa por ser presidencial nuestro sistema. Posee, además de recursos, información confidencial de fuentes propias, externas y aun extranjeras; tanto de seguridad nacional como de personas (políticos, empresarios, jerarcas de las iglesias, periodistas...) cuyo uso, en el caso de las segundas, no debería ser electoralista, pero aun así llega a serlo.

En la entrevista con TNYT, Calderón se refirió al ex gobernador de Nuevo León, Sócrates Rizzo, como una de las figuras del PRI que han ponderado la “tranquilidad” del país cuando, desde el poder, se controlaba el tráfico de drogas hacia los Estados Unidos. Pero igual pudo citar al presidente De la Madrid, quien acusó a Raúl Salinas, hermano de su sucesor, de tener vínculos con el narcotráfico, en la entrevista con Carmen Aristegui; o al ex gobernador de Quintana Roo, Mario Villanueva, preso en Nueva York por las mismas razones.

¿Por qué no subió la mira? Porque el Presidente sabe su juego. El problema es que él también puede quemarse.
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