¡Alabado sea el señor, que él será generador de empleos, educación, desarrollo, seguridad y bienestar social para la hereje cuan descarriada juventud de este país! Ya lo dijo su representante personal en México, el apóstol San Felipe de Jesús Calderón Hinojosa (quien lamentablemente despacha en un gobierno constitucionalmente laico): Los jóvenes se drogan, porque no creen en Dios. Ora pro novis.

Y por si hubiera dudas, el predicador de Los Pinos remató, con su correspondiente sic: “Una juventud que por sus condiciones sociales, familiares, educativas, por falta de oportunidades, tienen pocos asideros trascendentes, que tienen poco que creer, que no creen en la familia, que no tuvieron; que no creen en la economía o en la escuela, que no creen en Dios, porque no lo conocen. Que no creen en la sociedad, ni quien la representa.

Esta falta de asideros trascendentales hace, precisamente, un caldo de cultivo para quienes usan y abusan de este vacío espiritual y existencial de nuestro tiempo”.

Esa es la realidad de las cosas, la neta del planeta, no es que la juventud mexicana sea una las grandes víctimas de un modelo económico depredador, de una clase político-empresarial corrupta y voraz ni de un gobierno mediocre e ineficaz. No, hermanas y hermanos, si los jóvenes mexicanos están jodidos es por su falta de fe, por su conducta hereje, “porque no creen en Dios”. ¡Aleluya!

Apóstata irredimible, la juventud mexicana paga el precio de su osadía. Y para demostrarlo, va la numeralia que lo sustenta: al cierre del primer trimestre de 2009, alrededor del 60 por ciento de los desempleados en México tienen entre 14 y 29 años, es decir cerca de un millón 280 mil personas, de acuerdo con el INEGI; de este total, alrededor de 870 mil con edades que van de 20 a 29 años. La mayor parte de la población económicamente activa es joven y el 56 por ciento de ella obtiene un ingreso de entre uno y tres salarios mínimos, al tiempo que 64 por ciento carece de seguridad social. De enero a marzo de 2009, el año del “catarrito”, alrededor de 200 mil jóvenes de entre 14 y 29 años perdieron su empleo. Desde que el citado predicador se instaló en Los Pinos, más de 300 mil mexicanos en las edades referidas han perdido su plaza laboral, sin considerar los que en el periodo se incorporaron por primera vez al mercado laboral y muchos de ellos lo consiguieron, pero en Estados Unidos.

El Banco Mundial advierte que “el desempleo en México crecerá en 2009, y es una tragedia la cantidad de jóvenes que año con año se incorporan al mercado laboral y sufren por la falta de un campo o lugar donde puedan ejercer su carrera. Pobreza, informalidad y crisis económica son altamente preocupantes, y el país debe fijar una meta en la creación de empleos para atender la demanda de los 900 mil jóvenes que terminan su carrera esperando crecer laboralmente y que son rechazados”.

De acuerdo con los datos del último Censo General de Población y Vivienda, (2000) de casi 10 millones de mexicanos con edades de entre 15 y 19 años, casi 54 por ciento no asistía a la escuela, es decir, alrededor de 5.4 millones de jóvenes. Se registraron entidades con mayor cantidad de jóvenes fuera del sistema educativo: Zacatecas (70 por ciento), Guanajuato (65), Michoacán (64), Chiapas (62) y Puebla (60). De los que logran incorporarse al sistema educativo, 35 por ciento termina desertando por motivos económicos.

El mismo Censo arrojó el siguiente resultado: 88 por ciento de los jóvenes se declaró católico; 4 por ciento protestante; 3 por ciento cristiano y 5 por ciento ateo. El 89 por ciento declaró “creer en la existencia del alma”; 88 por ciento “en la Virgen de Guadalupe”; 66 por ciento “en el infierno”; 26 por ciento “en el horóscopo” y 21 por ciento “en amuletos”. Uno de cada cinco jóvenes “consideró que sus creencias religiosas influyen en su actitud hacia el trabajo, hacia los problemas sociales o hacia la sexualidad”, y 8 por ciento “que tiene efectos en sus preferencias políticas”.

Según la Encuesta Nacional de Juventud 2005, los jóvenes de entre 18 y 29 años realizan principalmente actividades de estudio y/o trabajo, siendo más común que los de 18 a los 24 años se dediquen solamente al estudio, y los de los 25 a los 29 años, solamente al trabajo. En ambos casos existe un 30 por ciento que no estudia ni trabaja. Alrededor de 38 por ciento de los jóvenes abandonan los estudios entre los 15 y los 17 años, seguidos de quienes tienen una edad de entre 18 y 20 años (26 por ciento), y en tercer lugar los de 12 a 14 años (22 por ciento). El primer motivo de abandono de los estudios es la necesidad trabajar (43 por ciento), intento que en la mayoría de los casos fracasa, y cuando milagrosamente no es así lo encuentran en el sector informal con ingresos ínfimos.

En efecto, con qué verdad habló el predicador de Los Pinos (marca Torquemada), pues como se constata, los agudos y crecientes problemas económicos y sociales de los herejes y descarriados jóvenes mexicanos se dan por un solo factor, aunque de un peso incuestionable: “No creen en Dios”.
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