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Vicente Bello
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07 Febrero 2015 05:00:35
La Constitución como instrumento de dominio
Noventa y ocho años después de su promulgación, la Constitución de 1917 no sabe exactamente cuántas veces ha sido modificada. Y los ecos del debate aquel, del 5 de febrero de 1917 en la ciudad de Querétaro, volvieron a escucharse aquí, en San Lázaro, a punto de la centuria.

“El constituyente Natividad Macías dijo que un pueblo miserable, un pueblo harapiento, un pueblo pobre, no podría ser jamás un pueblo libre”, evocaba en la tribuna Zuleyma Huidobro González. Y apostilló: “Con más de 600 reformas, la Constitución ha cambiado, sí, pero México pareciera estar peor”.

Más que debatir, se posicionaban. Y la mayoría, silenciosa, dejaba pasar el tiempo. El trámite. ¿Cuántas enmiendas han hecho a la Constitución en estos 98 años? En 1997, tiempos de la LVII Legislatura, la Dirección General de Crónica Parlamentaria ya había dicho que como 600. Después, en la LIX Legislatura, Porfirio Muñoz Ledo calculaba que como 400. Ahora Zuleyma retoma el dato que la Dirección General aquella mencionó hace casi 20 años. ¿Por qué nadie, al parecer, sabe del dato exacto: El motivo presumible es la pérdida de cientos de ejemplares de Diarios de los Debates, en la primera mitad del siglo XX, y aun en el siglo XIX.

Tan sólo en lo que va del sexenio, decía este jueves el diputado Alfonso Durazo, la Constitución General de los Estados Unidos Mexicanos fue objeto de 70 enmiendas.

Zuleyma Huidobro continuó: “Durante esta Legislatura hemos visto reformas a la Constitución que nos prometían el cambio, que supuestamente eran la panacea para el crecimiento del país; por ejemplo, en materia de educación se prometió la gran reforma, sin embargo vemos que dicha reforma más que educativa es administrativa, seguimos sin saber cuántos maestros hay en nuestro país”.

Y remachaba: “Pero no podemos dejar de decir de la reforma energética, la que está privando de recursos a los mexicanos y que terminará en manos de empresarios. Y hoy subirán a esta tribuna a decir discursos de orgullo y reconocimiento a estas reformas estructurales y de querer seguir engañando a los mexicanos diciendo que velan por sus derechos humanos y sociales consagrados en la Constitución”.

El posicionamiento de Nueva Alianza, PVEM y PRI tenían, precisamente, como común denominador el reconocimiento y el orgullo de las reformas impulsadas por el Ejecutivo Federal y que dieron en llamar estructurales.

Pero antes, Alfonso Durazo, diputado del PT, dijo: “No se puede seguir gobernando al país con criterios de facción, con la idea de que el que gana, gana todo y que el que pierde no tiene derecho a nada, salvo que acepte una relación de subordinación”.

Y remachaba: “Es urgente incorporar las figuras legales de revocación de mandato, referéndum, plebiscito y derecho al voto nulo mediante procedimientos accesibles, repito, mediante procedimientos accesibles”.

El tema eran comentarios a la Constitución de 1917. Durazo describía el retrato del México actual, así: “Ayotzinapa; Tlatlaya; el derrumbe de precio del petróleo; el disparo del dólar; las consecuencias económicas del alza de impuestos; los índices crecientes de corrupción, impunidad e inseguridad; una economía prácticamente inerte; un campo abandonado; una educación desmantelada; una clase política convertida en una especie depredadora y costosa por corrupta y manirrota; un gobierno sin transparencia ni credibilidad, con el corazón podrido y una juventud sin horizonte marcan su gestión”.

Y remachaba: “Ayotzinapa es una huella que perseguirá a Enrique Peña Nieto hasta el final de los tiempos, pero esa fatalidad ni comienza ni termina ahí. Lo que vive hoy nuestro país es en realidad una crisis del sistema político mexicano, ese que el diario francés Le Monde calificó como el Estado mafia, en virtud de décadas de corrupción, impunidad, simulación y violencia, que estereotipan el desempeño de todos los Poderes y niveles de gobierno. Ése es precisamente el Estado al que los estudiantes señalan como responsable de la desaparición de sus compañeros”.

La diputada panista Rocío Baca Bonifaz pidió: “Evoquemos la inspiración de nuestro Congreso Constituyente de 1917 para alcanzar los acuerdos necesarios para consolidar nuestra vida democrática y para llevar a nuestra democracia a otra etapa en la que la rendición de cuentas y el combate a la corrupción sean una realidad”.

Y el PRI, en voz de Leopoldo Sánchez Cruz, decía a propósito del 98 aniversario de la Constitución: “No se trata de cambiar por cambiar, se trata de evolucionar en función de la realidad social. No podemos caer en fetichismos jurídicos, pues la Constitución no existe para satisfacer los rigorismos académicos, sino para servir al pueblo que tutela, reconociendo y garantizando efectivamente la esfera más amplia de derechos y trazando la ruta que debe encaminar a la actuación del Estado.

En su discurso, el priísta todavía agregó: “Nuestra Constitución efectivamente ha cambiado y lo seguirá haciendo. Estamos en un momento de cambio motivado por una reflexión del papel que juega México frente a una dinámica global más compleja y un mundo plagado de desafíos. Por eso son las reformas transformadoras, que abren mejores perspectivas a nuestro país para resolver los problemas nacionales, superar los rezagos y enfrentar los retos de la modernidad, nos referimos a una reforma, por ejemplo educativa, una reforma energética, a una reforma de telecomunicaciones, una reforma de competencia económica, a una reforma en materia de transparencia, y a una reforma político-electoral”.

Era el jueves 5 de febrero del año 2015; noventa y ocho años después. Transfigurada estaba, según la oposición, en instrumento de dominio.
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